Pancho villa . fragmentos de un libro

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 14 (3290 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 1 de abril de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Francisco Villa

EL BANDOLERO REVOLUCIONARIO

Arrebatos Carnales

Según contaba Luz Corral, una vez casados no transcurrían quince días sin que en la casa recibieran cartas de diferentes mujeres que le exigían a Villa el cumplimiento de sus promesas de matrimonio. Varias de ellas se decían embarazadas y demandaban su derecho a convertirse en sus legítimas esposas. Luz conocía de sobra ladebilidad de su esposo por el sexo opuesto. Se había percatado cómo contemplaba a las de su género, cómo se sentía atraído por ellas, cómo le llamaban la atención faldas, blusas, peinetas, anillos, collares, maquillajes, uñas pintadas, piel bien cuidada, perfumes, rebozos, peinados, aretes, en especial las arracadas, y, en general, todas aquellas prendas femeninas, que él por razones obvias jamáspodría utilizar. Nunca dejó de sorprenderle el uso del femenino al hablar como cuando se decía estoy cansada o fatigada o somnolienta o soy rica, simpática y dicharachera. El uso del femenino invariablemente provocaba en él respuestas y estímulos que disparaban su imaginación. Todo el mundo relativo al sexo opuesto llamaba poderosamente su atención. —¿Cómo está la güera? —La güera está encantada deque su macho haya llegado a casa. —¿Cómo está la güera? —La güera está encantada, encantada, encantaaadaaa... Afortunadamente había llegado la paz. Pancho instaló varios expendios de carne para ganarnos la vida. Por supuesto que montó su gallera en la que se encontraban animales de verdadera estima por su costo y su gallardía. Había uno llamado el Cubano Hermoso, el cual me había procurado muybuenos centavitos, puesto que el dinero ganado en la peleas del palenque venía a aumentar mis ahorros. Una vez de regreso en Chihuahua, dedicado a una vida sencilla, metódica y ordenada, se levantaba a las cuatro de la mañana para ir a escoger el ganado que se sacrificaría y se vendería en nuestras propias carnicerías. Amaba la ganadería y disfrutaba como pocos el aire fresco y tonificante delcampo. Al primer canto del gallo ya estaba de pie, listo para una nueva jornada de trabajo, y cuando los grillos empezaban a sisear, mi marido regresaba a la casa al mismo tiempo que se ponía el sol. Pancho comía invariablemente en casa acompañado, por lo general, de algunos amigos o familiares. Si un tema evitaba de manera recurrente, era la política, de la cual evidentemente no quería acordarse puesse encontraba convencido de que su vida de bandido y después de revolucionario ya formaba parte de su pasado. Nuestra casa, la Quinta Luz, en Chihuahua, era una hermosa propiedad con numerosas habitaciones y anexos para vivienda de la escolta de sus famosos Dorados, sin duda uno de los grandes orgullos de Pancho. «La Quinta Luz era hogar y residencia oficial del general; también era hogar deparientes, amistades y niños recogidos que mi marido admitía y yo me encargaba de criar y educar, porque él se enternecía con la caricia de un niño. Nunca puse reparos a cuanto muchacho invadía nuestra casa con cualquier pretexto.» Mi marido siempre me distinguió con obsequios y atenciones propias de un hombre enamorado. Hasta llegué a pensar que yo era todo para él, eso sí, con sus debidas reservas.Nunca olvidaré cuando me regaló una máquina de coser y a la semana siguiente se presentó

www.arrebatoscarnales.com

Arrebatos Carnales con una enorme caja, el estuche de una guitarra, porque sabía mi afición por la música y las canciones mexicanas, en especial las rancheras. Me cansé de cantarle. Bajo las sombras de las palmeras Que el agua alegre mueve al pasar, A donde llegan las plañiderasNotas rugientes del fiero mar. Bajo esas olas que el mar provoca, Sin más testigos que el mar y Dios, Mil besos traigo para tu boca Y mil plegarias para tu amor.28 A mediados de julio de 1911, Pancho y yo salimos en ferrocarril a la ciudad de México. Finalmente podíamos disfrutar un breve viaje de bodas, una vez que dejamos instalados los expendios de carne que pusimos en manos de Manuel...
tracking img