Papelucho en vacaciones

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Papelucho en vacaciones.

yo sabía que a mi vuelta de vacaciones la señorita Fresia me iba a dar de tarea una composición de la ídem. Por eso la dejé hecha antes de irme y también me quedó harto chora, con aventuras sulfurosas y espaciales.
Para que no se me perdiera, la escondí secretamente y apunté el escondite por si se me olvidaba; lo malo es que se me perdió el apunte para siemprejamás... ¿Dónde estará mi tarea? Total, llegando al colegio: -De tarea, niños, una composición sobre sus vacaciones -clamó la señorita Fresia, como quien dice «ahí va una Coca Cola».
Y en la noche, dale con pensar y pensar en mi composición perdida... o tratar de inventar aventuras guerrilleras que le dieran envidia a los demás cabros. Pero, ¡nada! Hasta que por fin decidí escribir la puraverdad, aunque duela, como dice el dentista.

(El día antes de salir. Escenario dormitorio. Miles de porquerías encima de las camas.)
Papá. ¡Por fin saldremos de vacaciones! —Se abre la camisa y se hace cariño en la cara—. ¡No me afeitaré! —declama como si alguien le estuviera diciendo que se afeitara.
Mamá. Tampoco te cortarás el pelo... Hace ratito que estás queriendo ser hippie...Papá. ¿Y a ti quién te critica tu moño de codorniz?
Mamá. Total, en campamento no hace falta la moda.
Yo. ¿Vamos a ir a campamento? —pregunto.
Papá. Llevaré equipo de pesca con aperos...
Yo. ¿Vamos a ir a campamento? —le pregunto.
Mamá. Sueño con no tener reloj y vivir sin horas... —bosteza y se estira.
Yo. Eso quiere decir que vamos a ir a campamento —me contesto.El papá y la mamá amanecen vestidos de scouts. Se ven bastante pésimos por lo ancianos que son. Los dos se creen capitanes de equipo y no tienen ni la mayor idea de nada. El equipo soy yo y la Ji.
El suelo entero se vuelve bolsas, canastos, lienzas, cañas, gusanos, anzuelos, trapos, ollas y sacos de dormir. En total, trece bultos.
Mamá. ¡Trece! Número ideal para no olvidar cuántosson —clama.
Yo. ¿No llevamos carpa? —pregunto.
Papá. ¡Dormiremos al aire libre, por fin!
Mamá. ¿Y si llueve?
Papá. ¿Cuándo no? ¿Cómo se te ocurre que va a llover en verano?
Y partimos al sur.
Era un bus Galgo Azul súper choro. Como un avión sin alas. Inmenso, cataclíptico, con parlantes y excusado propio, dulces chilenos, montones de ruedas y música al paladar.Volaba por rutas propias, bocineando a los autos y camiones intrusos que se entrometían en su camino. Atravesaba el largo Chile sin resuello...
Cuando bajamos del bus, el papá contó los bultos.
Papá. ¡Están justos los diez! —clamó churumbélico, con alegría paternal.
Yo. Eran trece, papá. La cuestión del número ideal —le soplé.
Papá. Tú te callas. ¡Ni locos, trece bultos paracuatro personas!
El bus Galgo Azul partió, sin nosotros.
Caminamos bien cargados, yo pensando feliz que por suerte se habían perdido tres canastos y eran tres menos que llevar. En el primer potrero, bajo el primer árbol, acampamos.
Papá (creyéndose O'Higgins). ¡Papelucho! A ver si limpias el terreno como buen scout. ¡Echa a un lado las ramas!
Él se golpeaba el pecho silbando atodo riñón.
Y avariento se tragaba todo el aire del sur. La mamá se soltó el moño y se creía gitana. Ligerito me di cuenta que me tenían de esclavo.
Mamá. ¡Amontona las hojas para tender los sacos de dormir!
Papá. ¡Arma una pira de palos para hacer el fuego! ¡Trae piedras grandes...!
Mamá. ¡Pon a un lado los bolsones de ropa!...
Papá. ¡Ayuda a tu madre a ordenar las ollas!¡Trae el bidón con agua!
Corre aquí, corre allá. Yo trataba que fueran felices con un hijo obediente, aunque fuera un solo día. Me tragué las protestas, los rezongos.
Y así se hizo la noche.
Nunca jamás apareció el bidón con agua, ni el canasto en que venían los fósforos, la parafina y demases. Iban en viaje al sur en Galgo Azul...
Tampoco apareció el saco de dormir del papá...
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