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  • Publicado : 30 de agosto de 2012
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El cuento que sigue está inscripto, en buena medida, en la violencia político-social que la Argentina vivió desde fines de la década de 1950 y, fundamentalmente, a partir de 1970. Así lo expresa Castillo en el “Postafcio” a la reedición de este texto en el libro Cuentos Crueles: «Cuentos crueles fue escrito entre 1962 y 1966, vale decir, en la sonora década del ’60, años que no fueron el tiempodorado e irresponsable que algunos imaginan, sino el preludio de otros años atroces y violentos que siguieron y en los que aún [1981] vivimos»

“Patrón” es, tal como indica el título del libro que lo incluye, un cuento cruel. La crueldad se presenta en él en varios niveles, aunque el lector se viera tentado a verla fundamentalmente en el final. Como en “El niño proletario”, el título marca latensión que dominará la trama: las relaciones de poder (sociales, simbólicas). Un patrón puede ser un jefe, pero cuando es patrón, a secas, exacerba las asimetrías, las desigualdades, los abusos que se derivan de su posición social: la crueldad en la esfera de lo público que se reproducen en la esfera de lo privado.

La trama permite ser leída en clave histórico-social (entre otras posibleslecturas -psicoanalítica, por ejemplo), en tanto Antenor Domínguez se configura como un representante de la burguesía terrateniente que obtuvo espuriamente la posesión de la tierra y a partir de allí, del sometimiento y de la exacción, amasó su fortuna y su poder social, respetado y temido por toda la microsociedad que lo rodea y de la que, en buena medida, es amo. Desde esta perspectiva, la necesidad dedescendencia queda claramente establecida no desde las coordenadas tradicionales de la paternidad, sino desde las de la continuidad, las del linaje: las de la sangre. Lamentablemente -podría pensar Domínguez- ya no quedan vientres fértiles entre las de nuestra clase. O podría pensar también: Seguramente resultaría más fácil tener un hijo con una de estas negras sumisas que con una de lasnuestras. En cualquiera de los dos casos, el texto pareciera estar trabajando la extinción de ese linaje a partir de una praxis consciente del oprimido, del odio de clase convertido en intervención política. Y pareciera estar demostrando también que resultaría imposible la mixtura, la fusión, la convivencia democrática cuando la opresión y las desigualdades son las bases desde las que se pretende fundarla sociedad.

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I
La vieja Tomasina, la partera se lo dijo, tas preñada, le dijo, y ella sintió un miedo oscuro y pegajoso: llevar una criatura aden­tro como un bicho enrollado, un hijo, que a lo mejor un día iba a tener los mismos ojos duros, la misma piel áspera del viejo. Estás segura, Tomasina, preguntó, pero no preguntó: asintió. Porque ya lo sabía; siempre supo que elviejo iba a salirse con la suya. Pero m’hija, había dicho la mujer, llevo anunciando más partos que po­tros tiene tu marido. La miraba. Va a estar contento Anteno, agre­gó. Y Paula dijo sí, claro. Y aunque ya no se acordaba, una tarde, hacía cuatro años, también había dicho:

–Sí, claro.

Esa tarde quería decir que aceptaba ser la mujer de don Antenor Domínguez, el dueño de La Cabriada: el amo.–Mire que no es obligación. –La abuela de Paula tenía los ojos bajos y se veía de lejos que sí, que era obligación. –Ahora que usté sabe cómo ha sido siempre don Anteno con una, lo bien que se portó de que nos falta su padre. Eso no quita que haga su voluntad.

Sin querer, las palabras fueron ambiguas; pero nadie duda­ba de que, en toda La Cabriada, su voluntad quería decir siempre lo mismo.Y ahora quería decir que Paula, la hija de un puestero de la estancia vieja –muerto, achicharrado en los corrales por salvar la novillada cuando el incendio aquel del 30– podía ser la mujer del hombre más rico del partido, porque, un rato antes, él había entra­do al rancho y había dicho:

–Quiero casarme con su nieta –Paula estaba afuera, dán­doles de comer a las gallinas; el viejo había...
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