Perversion y masoquismo

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  • Publicado : 7 de enero de 2012
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PERVERSION Y MASOQUISMO
Los sujetos perversos, como por lo común observan los analistas, raramente llevan sus análisis hasta eso que convenimos en considerar como un final de análisis. Por lo general se detienen antes de llegar hasta ahí. De todas formas, más que juzgar esta detención prematura como un abandono o una dimisión, me parece conveniente localizar mejor el punto preciso donde ponenfin a sus análisis. Lo más a menudo, este punto no es indiferente. En muchos casos, indica el momento en que el sujeto, repitiendo su sujeción primordial al significante que lo determina en el inconsciente, elige, o en todo caso adopta, su perversión. Y esta elección implica, a falta de una elucidación del fantasma, una modificación de su posición con respecto a él, modificación que podría explicarel paso del primer al segundo esquema del fantasma sadiano (1).
Por otra parte, si bien deja al psicoanalista insatisfecho, la decisión del sujeto de interrumpir su análisis a menudo va acompañada, en primer lugar, de una satisfacción manifiesta. En el punto a donde ha llegado -tal vez no sabe por qué- es lo que es, pero ahora parece estar contento de serlo, y no deja de darnos un testimonio desu gratitud por ese placer que le ha descubierto el psicoanalista. Que el analista, por su parte, no pueda estar satisfecho, indica que más allá del placer de aliviar o de curar, el deseo del analista es más fuerte. Dicho de otra manera, allí donde el perverso se detiene, empieza el deseo del analista.
La cura de Dani, que contaré a grandes rasgos, sólo duró un año y medio. La había iniciadoacuciado por unos violentos y devastadores accesos de angustia, además de una pregunta que le obsesionaba desde hacía años: ¿era un "transexual", o no? Dando crédito al discurso común, cuyos ecos en la prensa había tenido ocasión de recoger, tenía tendencia a responder afirmativamente a esta pregunta, porque, decía él, se sentía más chica que chico. Pero, por otra parte, retrocedía ante la sanción quereclamaba tal respuesta, pues la castración quirúrgica le inspiraba pura y simplemente horror. Así, había dejado para más adelante el momento de "cortar", limitándose a seguir un tratamiento hormonal gracias al cual ya estaba consiguiendo tener algunas redondeces.
Dani, de unos veinte años de edad, provenía de un medio muy modesto y sin ambición intelectual. No tenía la menor idea delpsicoanálisis, y si a él recurría era por recomendación de un cirujano a quien había consultado. Empleado en la administración, se había casado un año antes con una colega de despacho a quien describía, sin excesivo afecto, como una persona muy simple pero buena. La gran desgracia de su existencia, en apariencia muy apacible por otra parte, había sido la muerte de su madre, sobrevenida cuando él teníadieciséis años. Después había vivido con su padre en condiciones algo extrañas-al menos yo así se lo hice notar, porque él, habituado a las rarezas de su familia, no parecía advertir lo anómalo de la situación. En efecto, inmediatamente después de la desaparición de su madre, su padre le había propuesto compartir el lecho conyugal, pretextando su intención de convertir la habitación ocupada hastaentonces por Dani en una especie de mausoleo en memoria de la difunta, con todos los objetos que le habían pertenecido. Así es como este joven llegó a ocupar realmente el lugar de su madre, mientras que su lugar simbólico (su habitación) era transformado en un santuario con el espectáculo montado con los restos de la desaparecida (en especial, con todos sus vestidos). Sin duda no hubo contacto sexual,en sentido restringido, entre su padre y él, pero la situación de pareja estaba del todo establecida. Por otra parte se trataba de una pareja bastante extraña, en la que nadie ocupaba el lugar que le correspondía. El padre había adoptado el papel de ama de casa, y con respecto a su hijo se comportaba como una perfecta clueca: insistía, por ejemplo, en vestirle cada mañana, aunque tuviera ya más...
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