Positivismo. augusto comte

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  • Publicado : 24 de mayo de 2011
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De acuerdo con la doctrina fundamental de la evolución intelectual de la humanidad, todas nuestras especulaciones, sean individuales, sean de la especie humana, están inevitablemente obligadas a pasar por tres estados teóricos diferentes, que podrían calificarse aquí con las denominaciones habituales de estado teológico, estado metafísico y estado positivo. (…) Aunque el primer estadio seaindispensable en un comienzo, a todas luces, debe concebirse siempre como una etapa puramente provisoria y preparatoria; el segundo estadio, que en realidad es sólo una variación disolvente del primero, no comporta más que una fase transitoria, destinada a conducir gradualmente al tercer estadio; y este último, el único plenamente normal, constituye el régimen definitivo de la razón humana.

En suprimera aparición, necesariamente teológica, todas nuestras especulaciones manifiestan espontáneamente una predilección característica por las cuestiones más insolubles y los temas más inaccesibles a investigaciones concluyentes. Por un contraste que, en nuestros días parece inexplicable, pero que en el fondo estaba en plena armonía con la verdadera situación inicial de nuestra inteligencia, en untiempo en el que el espíritu humano está todavía por debajo de los más elementales problemas científicos, éste busca ávidamente y de manera casi exclusiva, el origen de todas las cosas, las causas esenciales (ya sean primeras, ya sean finales) de los diversos fenómenos que le llaman la atención, así como su modo fundamental de producción; en una palabra, busca conocimientos absolutos.(2) Estanecesidad primitiva se satisface naturalmente (hasta donde es posible) mediante nuestra tendencia a poner en todos los fenómenos el carácter humano, considerándolos semejantes a los que nosotros mismos producimos, que, de esta manera, comienzan por parecernos bastante conocidos, de acuerdo con la intuición inmediata que los acompaña.

Por imperfecta que deba resultarnos ahora semejante forma defilosofar, es importante observar que el presente estadio del espíritu humano se halla indisolublemente conectado al conjunto de sus estadios anteriores y conviene reconocer que esa forma de pensar fue por mucho tiempo tan indispensable como inevitable. Al limitarnos aquí a la simple apreciación intelectual, sería superfluo insistir en la tendencia involuntaria que, aún hoy, nos lleva a buscarexplicaciones esencialmente teológicas, cada vez que queremos penetrar directamente el misterio inaccesible del modo fundamental de producción de los fenómenos, sobre todo tratándose de aquellos cuyas leyes reales todavía ignoramos. Los pensadores más eminentes pueden constatar su propia disposición natural al más ingenuo fetichismo, cuando tal ignorancia se combina momentáneamente con alguna pasiónpronunciada. Ahora bien, si todas las explicaciones teológicas han ido cayendo en desuso de manera creciente y decisiva, esto se debe únicamente a que las misteriosas búsquedas a las que éstas apuntaban, han sido descartadas cada vez más como radicalmente inaccesibles a nuestra inteligencia, que se ha habituado poco a poco a reemplazarlas por estudios más eficaces y en mayor armonía con nuestrasverdaderas necesidades. Incluso en un tiempo en el que ya prevalecía el verdadero espíritu filosófico para el estudio de los fenómenos más simples y en un tema tan fácil como la teoría elemental del choque, el ejemplo memorable de Malebranche recordará siempre la necesidad de recurrir a la intervención directa y permanente de una acción sobrenatural, cada vez que uno trate de remontarse a la causaprimera de un hecho cualquiera. Pero, por otra parte, tales intentos –por infantiles que nos parezcan hoy– constituían el único medio primitivo de determinar el surgimiento incesante de las especulaciones humanas, desenganchando espontáneamente nuestra inteligencia del círculo profundamente vicioso en que, por necesidad, se veía envuelta en un principio, a causa de la oposición radical de dos...
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