Prueba

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DOCUMENTO DE PUEBLA

I. Maestros de la verdad

Es un gran consuelo para el Pastor universal constatar que os congregáis aquí, no como un simposio de expertos, no como un parlamento de políticos, no como un congreso de científicos o técnicos, por importantes que puedan ser esas reuniones, sino como un fraterno encuentro de pastores de la Iglesia. Y como pastores tenéis la viva conciencia deque vuestro deber principal es el de ser maestros de la verdad. No de una verdad humana y racional, sino de la verdad que viene de Dios; que trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32); esa verdad que es la única en ofrecer una base sólida para una «praxis» adecuada.
I.1. Vigilar por la pureza de la doctrina, base enla edificación de la comunidad cristiana, es, pues, junto con el anuncio del Evangelio, el deber primero e insustituible del pastor, del maestro de la fe. Con cuánta frecuencia ponía esto de relieve San Pablo, convencido de la gravedad en el cumplimiento de este deber (cf. 1 Tim 1,3-7. 18-20; 11,16; 2 Tim 1,4-14). Además de la unidad en la caridad, nos urge siempre la unidad en la verdad. Elamadísimo papa Pablo VI, en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, expresaba: «El Evangelio que nos ha sido encomendado es también palabra de verdad. Una verdad que hace libres y que es la única que procura la paz de corazón: esto es lo que la gente va buscando cuando le anunciamos la Buena Nueva. La verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre y de su misterioso destino, la verdad acercadel mundo... El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar... Pastores del Pueblo de Dios: nuestro servicio pastoral nos pide que guardemos, defendamos y comuniquemos laverdad, sin reparar en sacrificios» (Evangelii nuntiandi, 78).

Verdad sobre Jesucristo

I.2. De vosotros, pastores, los fieles de vuestros países esperan y reclaman ante todo una cuidadosa y celosa transmisión de la verdad sobre Jesucristo. Esta se encuentra en el centro de la evangelización y constituye su contenido esencial: «No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre,la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios» (ibid., 22).
Del conocimiento vivo de esta verdad dependerá el vigor de la fe de millones de hombres. Dependerá también el valor de su adhesión a la Iglesia y de su presencia activa de cristianos en el mundo. De este conocimiento derivarán opciones, valores, actitudes y comportamientos capaces deorientar y definir nuestra vida cristiana, y de crear hombres nuevos y luego una humanidad nueva por la conversión de la conciencia individual y social (cf. ibid., 18).
De una sólida cristología tiene que venir la luz sobre tantos temas y cuestiones doctrinales y pastorales que os proponéis examinar en estos días.
I.3. Hemos, pues, de confesar a Cristo ante la historia y ante el mundo con convicciónprofunda, sentida, vivida, como lo confesó Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16).
Esta es la Buena Noticia, en un cierto sentido única: la Iglesia vive por ella y para ella, así como saca de ella todo lo que tiene para ofrecer a los hombres, sin distinción alguna de nación, cultura, raza, tiempo, edad o condición. Por eso «desde esa confesión (de Pedro), la historia de lasalvación sagrada y del Pueblo de Dios debía adquirir una nueva dimensión» (Juan Pablo II, Homilía del Santo Padre en la inauguración oficial de su pontificado, 22 de octubre de 1978).
Este es el único Evangelio y, «aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto... ¡sea anatema!», como escribía con palabras bien claras el Apóstol (Gál 1,8).
I.4. Ahora bien, corren hoy...
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