Recuerdos de navidad

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 6 (1297 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 1 de febrero de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
RECUERDOS DE NAVIDAD

(El costumbrismo de una noche de diciembre)

Armando Zamora

Recuerdo que cuando yo era niño, el 24 de diciembre mi mamá se la llevaba todo el santo día metida en la cocina mientras mi papá salía yo creo que a ponerse de acuerdo con Santo Clos en alguna cantina de alrededor, por eso creo que yo crecí con la convicción de que Santa era un gordo borrachón y cigarriento,porque mi papá regresaba ya entrada la tarde en calidad de Homero Simpson: bien jala'o y apestando a cigarro. Claro que esto es sólo un decir...

El caso es que durante todo el 24, de la cocina de la casa salía un olor a tamales o pierna de puerco o pozole o pavo o lo que fuera que cocinara aquella santa mujer, siempre mezclado con esas hierbas maravillosas que sólo las mamás saben cómo sellaman, una pizca de felicidad y cucharadas enormes de ternura que a la hora de la cena —casi todos callados y con la mirada de asombro ante tanta magia dispuesta a alimentarnos el cuerpo y el alma, en medio de las campanadas del templo y de los ruiditos de colores que salían de todas partes como si el mundo se estuviera incendiando de cariño— brotaban como abrazos y besos que siempre alcanzaban paratodos y que cuando pequeños nos arropaban cálidamente, pero que con el paso del tiempo no pudieron retenernos en esa cocina, en esa mesa, en esa casa donde siempre estuvo y ha estado aquella ahora viejita y aquel hombre callado y taciturno, al menos en el recuerdo imborrable que a muchos se nos ha quedado grabado como marca de un hierro tatuado en el ventrículo izquierdo de nuestro colesterosocorazón.

Para nosotros, mis hermanos y yo, el 24 de diciembre era un día que no debería existir en el calendario, no tenía razón de ser, nomás la noche, porque “esa noche es Noche Buena y mañana Navidad”, según dice la tonadilla, pero de haber hecho realidad nuestros deseos nos hubiéramos perdido la esencia del día: los recuerdos de las mamás en la cocina y la ausencia de los papás donde quiera quese metieran para negociar con Santa, siempre en abonos chiquititos, lo que nosotros, revoloteando como cuervos metidos en camisas de franela, esperábamos que nos amaneciera, ya bajo la almohada, ya bajo la cama, ya bajo el árbol.

No recuerdo cuál fue mi primer regalo navideño, pero me acuerdo bien clarito que el año en que ya no me regalaron juguetes sentí un como quejido adentro de mí porqueen vez de carritos y pistolas de vaqueros me amaneció un cinto y ropa… ¡ropa!; a mí, que andaba siempre descalzo, en pantalones cortos y remendados, camiseta suelta y la greña más suelta que Gloria Trevi —porque han de saber ustedes que en aquellos años de la infancia yo tuve cabello… y mucho… no por nada el Chemo y el canijo del Raúl, alias El Camisetas, me decían mico o simio… y ya cuandoandaban bien inspirados me decían mico simio, en una redundancia propia de los sonorenses francotes y echados pa’lante oriundos de Santa Rosalía de Ures—.

Ya se sabe que la Navidad no son los regalos, pero qué gacho se siente cuando a uno dejan de darle juguetes y se los cambian por implementos de cocina, por mandiles — mi caso particular, ciertamente—, por rasuradoras, lociones, corbatas, botellas,chamarras, yates, aviones, países y/o continentes, que son bienvenidos, claro, pero eso hace que el niño que uno lleva por dentro se quede sentado en un rincón de la nostalgia, mirando cómo nuestros menores hijos abren desesperadamente los paquetes —como alguna vez, hace cuarenta años, lo hicimos nosotros con la luz de la estrella de Belem brotando de nuestros ojos ansiosos para descubrir aquelloque más temprano que tarde terminaba rodando en el patio, con la pintura descascarada y las ruedas incompletas—, sacan los regalos de su caja como supongo que hace el médico que atiende a la parturienta a la hora precisa, que tiene más de humana que de divina, en que un nuevo ser sale al mundo bañado en esos ectoplasmas asquerositos y amnióticos que fueron el algodón de la habitación perfecta en...
tracking img