Religion

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El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano
La Entrada Triunfal en JerusalénNO. 405Un sermón predicado la mañana del Domingo 18 de Agosto, 1861por Charles Haddon SpurgeonEn el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres."Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre un asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga." Mateo 21: 5. |
Sermones |
Hemos leído elcapítulo del cual proviene nuestro texto; ahora permítanme repasar el incidente ante ustedes. Había una expectación en la mente de la generalidad del pueblo judío de que el Mesías estaba a punto de llegar. Ellos esperaban que fuera un príncipe temporal; que fuera alguien que combatiría contra los romanos y restauraría a los judíos su nacionalidad perdida. Había muchos que, aunque no creían en Cristo conuna fe espiritual, esperaban que fuera tal vez para ellos un grandioso libertador temporal, y leemos que, en un par de ocasiones, habían querido apoderarse de Él para hacerle rey, pero Él se retiraba. Prevalecía un ávido deseo de que alguien, cualquiera que fuera, izara el estandarte de la rebelión y pasara al frente del pueblo en contra de sus opresores.

Viendo las obras portentosas hechaspor Cristo, el deseo engendró el pensamiento, y se imaginaron que Él podría probablemente restituir el reino a Israel y darles la libertad. El Salvador vio que finalmente se estaba llegando a una crisis. Para Él necesariamente tenía que ser una de dos opciones: la muerte por haber decepcionado la expectación popular o, de lo contrario, debía ceder a los deseos del pueblo, y ser nombrado rey.Ustedes saben qué cosa eligió.

Él vino para salvar a otros y no para ser ungido rey en el sentido en que los judíos lo entendían. El Señor había obrado un milagro sumamente extraordinario: había resucitado a Lázaro de los muertos después de haber estado enterrado cuatro días. Este fue un milagro tan asombroso e inusitado, que se convirtió en el tema de conversación del pueblo. Multitudes abandonabanJerusalén y se dirigían a Betania, que estaba situada a unos tres kilómetros de distancia, para ver a Lázaro. El milagro estaba bien comprobado. Había multitudes de testigos; era aceptado por la generalidad como uno de los mayores portentos de la época, y, derivado de eso, dedujeron que Cristo tenía que ser el Mesías.

La gente decidió en ese momento que lo harían rey, y que debía salir alfrente contra las huestes de Roma. Él, aunque no tenía tales aspiraciones, encauzó el entusiasmo de la gente para que mediante eso, tuviera la oportunidad de cumplir lo que estaba escrito acerca de Él en los profetas. No deben concebir que todos aquellos que tendían ramas en el camino y clamaban: "¡Hosanna!", tenían interés en Cristo como príncipe espiritual. No, ellos pensaban que Él había de ser unlibertador temporal, y cuando posteriormente descubrieron que estaban equivocados, le odiaron tanto como le habían amado, y "¡Crucifícale, crucifícale!", fue un grito tan fuerte y vehemente como: "¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor!"

De esta manera nuestro Salvador se valió de su desatinado entusiasmo para cumplir diversos fines y propósitos sabios. Era necesario que estaprofecía se cumpliera: "Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna."

Era necesario, además, que declarara públicamente que era el Hijo de David, y reclamara ser el legítimo heredero del trono de David; todo esto lo hizo en esta ocasión. También era necesarioque dejara sin excusa a Sus enemigos. Para que no le dijeran: "Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente", Él se los dijo abiertamente. Este recorrido a través de las calles de Jerusalén fue un manifiesto y una proclamación de Sus derechos reales tan claramente como podrían ser proclamados.

Pienso, además, -y sobre esta consideración quiero construir mi sermón de esta mañana- pienso que...
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