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LA BUENA SUERTE

Fernándo Trías de Bes - Alex Rovira Celma
Este libro fue pasado a formato digital para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más. HERNÁN

Para descargar de Internet: “ELEVEN” – Biblioteca del Nuevo Tiempo Rosario – Argentina Adherida a: Directorio Promineo: www.promineo.gq.nu Libros de Luz:http://librosdeluz.tripod.com

EMPRESA ACTIVA
Argentina - Chile - Colombia - España Estados Unidos - México - Uruguay - Venezuela Para Guillermo Trías de Bes, mi padre, con todo mi amor y agradecimiento, pues él me enseñó las reglas de la Buena Suerte sin relatarme ninguna fábula. El fue quien me hizo ver que, esencialmente, es una cuestión de fe, generosidad y Amor, con mayúsculas.
© 2004 by Alex RoviraCelma y Fernando Trías de Bes Mingot © de las ilustraciones interiores 2004 by Josep Feliu

A mis hijos, Laia y Pol, y a todos los niños para los que los cuentos son escritos. También al niño que siempre, sea cual sea nuestra edad, llevarnos dentro, porque en él reside la alegría, el anhelo y la pasión por la vida, ingredientes imprescindibles para la Buena Suerte. A mis padres, Gabriel y Carmen,por su amor, su fe y su ejemplo. Y a todos los padres cuyo amor por sus hijos deviene la semilla de la Buena Suerte. A mi pareja, Mónica, y a todos los seres humanos que hacen de su vida una entrega generosa al otro, porque son el ejemplo viviente de que los cuentos, como la vida, pueden tener un final feliz. Álex Rovira Celma

índice
Primera parte: El encuentro Segunda parte: La leyenda delTrébol Mágico Tercera parte: El reencuentro Cuarta parte: Algunas personas que están de acuerdo Quinta parte: Decálogo, síntesis y nuevo origen de la Buena Suerte

Primera parte: El encuentro
Una hermosa tarde de primavera, Víctor, un hombre de aspecto elegante e informal, fue a sentarse al que era su banco preferido del mayor parque de aquella gran ciudad. Allí se sentía en paz, aflojaba el nudode la corbata y apoyaba los pies descalzos sobre una mullida alfombra de tréboles. A Víctor, que tenía sesenta y cuatro años y un pasado lleno de éxitos, le gustaba aquel lugar. Pero esa tarde sería distinta de otras; algo inesperado estaba a punto de ocurrir. Se acercaba al mismo banco, con intención de sentarse, otro hombre, también en la sesentena, David. Tenía un andar cansado, tal vez abatido.Se intuía en él a alguien triste, aunque conservaba, a su manera, un cierto aire de dignidad. David lo estaba pasando bastante mal en esos momentos. De hecho, lo había pasado mal durante los últimos años. David se sentó junto a Víctor y sus miradas se cruzaron. Lo extraño fue que tanto uno como otro, los dos al mismo tiempo, pensaron que un vínculo los unía, algo conocido... muy lejano, peroíntimamente familiar. —¿Tú eres Víctor? —preguntó David con precaución.
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—¿Y tú David? —contestó Víctor, ya seguro de que reconocía en aquella persona a su amigo. —¡No puede ser! —¡No me lo creo, después de tanto tiempo! En ese instante se levantaron, se abrazaron y soltaron una sonora carcajada. Víctor y David habían sido amigos íntimos en la infancia, desde los dos hasta los diez años. Eranvecinos en el modesto barrio donde vivieron sus primeros años. —¡Te he reconocido por esos inconfundibles ojos azules! —le explicó Víctor. —Y yo a ti por esa mirada tan limpia y sincera que tenías hace..., hace... ¡cincuenta y cuatro años! No ha cambiado en nada —le respondió David. Recordaron y compartieron entonces anécdotas de la infancia y recuperaron lugares y personajes que creían olvidados.Finalmente, Víctor, que distinguía en la expresión de su amigo una sombra de tristeza, le dijo: —Viejo amigo, cuéntame cómo te ha ido en esta vida... David se encogió de hombros y suspiró. —Mi vida ha sido un conjunto de despropósitos. —¿Por qué? —Recordarás que mi familia dejó el barrio en el que éramos vecinos cuando yo tenía diez años, que desaparecimos un día y nunca más se supo de nosotros....
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