Resumen coronacion

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  • Publicado : 21 de abril de 2010
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CORONACION
El sábado del cumpleaños de misiá Elisa Grey de Abalos la casa entera se hallaba en revuelo. Era como si se preparara una gran recepción, no que se esperara a cuatro o cinco personas que vendrían más que nada con el objeto de asombrarse de que la nonagenaria no muriera aún.
..... Las vistas jamás se instalaban en el piso bajo a hacer tertulia. Subían directamente al cuarto de laenferma, y se quedaban allí, murmurando, tomado tacitas de té, comiendo confites y sandwiches minúsculos, muy sanitos. A los caballeros se les ofrecía un ponche de misteriosa fórmula, especialidad de Lourdes, pero no era raro que al terminar la tarde la historiada ponchera de plaqué quedara casi llena.
..... Ese día, y también el día del santo, Lourdes se levantaba al alba, pasando la mañanaentregada a la tarea de ponerlo todo en orden, afanadísima quitando las fundas de lienzo de los muebles de la biblioteca, del salón, de la salita y del vestíbulo. Los muebles, entonces, hacían su aparición, y era como si el rubor de la vida invadiera el cadáver de la casa. La otomana del vestíbulo, apolillada es cierto, conservaba, a pesar de todo, la tonalidad vibrante de su peluche granate, y con unpaño húmedo la sirvienta iba quitando el polvo de las hojas de las aspidistras que la coronaban. Las reproducciones de tamaño doméstico de estatuas célebres, los zócalos de mármol simulado, los mil cachivaches de la pequeñísima salita turca adyacente a la biblioteca, los libros y revistas en tomo, los rollos del autopiano, las plantas, vitrinas, cuadros, todo resucitaba bajo la mano de Lourdes, que,con un trapo amarrado a la cabeza y empuñando un plumero, limpiaba con minucia amorosa. Era un misterio de qué medio se servía para desempolvar los angelotes dorados en la cima de los espejos de las consolas, allá arriba, cerca del techo, pero sus vergüenzas jamás dejaron de lucir sin recato tanto para el cumpleaños como para el santo de la dueña de casa. Y las cortinas desatadas se cimbreabansuavemente, dando paso a la luz que no se tumbaba por las vastas alfombras ni se enredaba en las borlas y flecos de las poltronas desde hacía seis meses.
..... ¿Para qué? Para nada. Hacía mucho tiempo que las visitas subían directamente al dormitorio de la enferma, sin mirar siquiera los recibos. Pero, al entender de Lourdes, y nadie hubiera osado desafiarla, era necesario tener todo listo y comonuevo para los aniversarios de la señora: ése era el orden de las cosas y así tenía que ser. En otra época, el primer piso de la casa había estado entero a su cuidado y lo aseaba diariamente. Caducada esta función por inútil, la revivía con pasión esas dos veces al año en que la casa toda resonaba con su autoridad.

..... Andrés llegó cerca de las once de la mañana. Fue derecho a la cocina parapreguntar a Rosario qué delicadezas le tenía de almuerzo, pero la cocinera lo echó diciéndole que era sorpresa.
..... Subió los escalones de dos en dos. Se sentía especialmente alegre ese sábado de otoño. El sol era suave y dorado, y la gente que vio venir caminando por el parque parecía no tener preocupaciones más graves que las de comprar maní caliente y hacerse lustrar los zapatos. Además, losestudiantes de leyes que se paseaban enfrascados en sus volúmenes hacían crujir las hojas amarillas caídas, y eso le agradaba: él había sido estudiante de leyes en otros tiempos, y había conocido también la angustia deleitosa de exámenes e interrogaciones. Por otra parte, la tranquilidad aportada a su abuela por la presencia de Estela, de la que fue testigo en su última visita, le daba una confianzahasta ahora desconocida en ese respecto.
..... Al llegar al primer rellano Andrés estaba acezando. Tuvo que recordar sus años para subir con más mesura. Traía a su abuela un ramo de dalias tardías y un chal rosado en un paquete primorosamente hecho en la tienda donde lo compró.
..... -¡Feliz día! -exclamó al entrar en el cuarto de la enferma, y se acercó para besarla.
..... Estela iba de...
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