Resumen el palacio sin mascara

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  • Publicado : 4 de noviembre de 2010
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He leído este libro devastador con la inocencia de un ignorante y casi con la ingenuidad de un extranjero. Llegué a él sin saber casi nada sobre el Holocausto del Palacio de Justicia, primero porque en ese momento, en noviembre de 1985, yo estudiaba en Turín y solamente me interesaba la literatura, y segundo, porque no conocía a ninguno de los implicados en esa tragedia, ni entre los guerrillerosdel M-19, ni entre los militares, ni entre los magistrados, ni entre todos los demás rehenes. El egoísmo humano nos lleva muchas veces a juzgar de manera sesgada cuando alguno de los implicados está cerca de nuestra vesícula biliar (por animadversión) o de nuestro corazón (por afecto). A juzgar mediante prejuicios, o a no interesarnos mucho, por esa indiferencia frente al dolor humano ajeno quetantas veces sufrimos en la vida. Esos hechos dramáticos, entonces, siempre me parecieron un capítulo más en la oscura tragedia de este país, pero nunca me ocupé de ellos ni como persona, ni como periodista, ni como escritor.

Germán Castro Caycedo ha hecho un libro muy particular, sui generis, pues él prácticamente se ha borrado como autor. Aquí no oímos la voz del gran periodista y reporteroque es, pues en El Palacio sin máscara, Germán le ha cedido la palabra a otras voces. Su trabajo ha sido el de un lector cuidadoso, y el resultado son trozos intercalados de esa lectura exhaustiva de innumerables declaraciones, documentos, grabaciones, papeles de juzgados, acusaciones de fiscales, testimonios de oficiales y de soldados, de familiares, conclusiones de jueces, procuradores, comisionesy tribunales de la verdad. Este es un libro hecho todo de citas y de palabras puestas entre comillas. No vayan a pensar, por esto, que se van a aburrir como quien lee un expediente. Lo que ha hecho Castro Caycedo es podar la información de todo el ruido, de toda la basurita que siempre se deposita en un largo expediente y -depuradas las palabras del lenguaje legal-, entregar como resultado unacopio de citas que pueden leerse con el interés de una novela. Para esto se ha valido, además, del arte del montaje cinematográfico, y el rostro nítido de la historia va emergiendo poco a poco, como ocurre con los trazos simples que se van añadiendo a un dibujo, hasta que va apareciendo una figura compleja. El periodista, basado en estas citas textuales, deja ver la verdad.

Y la verdad queemerge, al menos para este lector ingenuo que soy yo, es una verdad terrible: ante una acción demencial, irresponsable y sangrienta de un grupo guerrillero (el que desencadena la tragedia), el Estado no reacciona como uno se esperaría si viviera en un régimen democrático que ama defender los derechos más elementales, empezando por el derecho a la vida. Las fuerzas militares, de hecho, se toman por unpar de días el poder, y actúan con una impiedad y una violencia, con una saña y una falta de compasión, con tan desmedido uso de la fuerza, que dejan la sensación de que lo que hubo allí fue una operación de exterminio, de aniquilamiento, con muy pocas intenciones de querer proteger a los rehenes que estaban en manos de los guerrilleros.

El libro de Germán Castro narra esos dos días terriblesmediante transcripciones que corresponden a la cronología de los hechos. Copia, por ejemplo, las conversaciones grabadas entre los militares que estaban al mando, tomadas de transmisiones radiales. Copia los testimonios de los testigos. Copia las conclusiones de jueces y fiscales. Rescata los análisis de algunos comentaristas ilustres y muy bien informados. Y de cada paso en el operativo militar,la conclusión que sacamos es que en estos tristes hechos se confundió el rescate con el aniquilamiento, y no sólo de los secuestradores (con quienes los militares estaban justamente resentidos, y con muchas ansias de revancha), sino también de los civiles, pues el exterminio acabó siendo, no sólo de los integrantes del comando, sino también de los rehenes. Con tal de resolver y ganar rápidamente...
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