Retorno al horror

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 40 (9985 palabras )
  • Descarga(s) : 9
  • Publicado : 18 de agosto de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
RETORNO AL HORROR.
Por Varsovia.

La luz del amanecer se cuela involuntariamente por los estores de laminillas, iluminando una estancia triste, de color sepia y olor a sudor, rancio y espeso. Todo en ella es cutre, viejo, polvoriento y gastado. Como el resto del hotel del que la habitación forma parte.
Seguramente lo peor son las sábanas, de sintético desgastado, de tela de baratillo,fáciles de lavar y de blanquear para disimular los excesos de los clientes. Enredado en ellas duerme un hombre, agitada la mente y anudados los músculos por los últimos compases de una pesadilla.
Es aquel hombre largo y delgado, de cierta edad, de calva clásica, rodeada por una corona de pelo rubio agrisado, como el bigote, un bigote lacio, un tanto desarreglado en ese momento, que le cubre lascomisuras de la boca, escondiendo sus posibles sonrisas, aunque no ha sonreído en mas de cuarenta años.
Hace un calor agobiante, impropio de la estación, y en medio de su delirio se cuela una musiquilla popular que, proveniente de cualquier otro lugar del cochambroso hotel, se tamiza por la puerta de su habitación, para meterse en sus sueños.
En semejantes condiciones es normal que sudescanso no esté siendo plácido. Cualquier persona se ha vería afectada en su descanso por aquel lugar triste, vulgar y descuidado. Sin embargo sus pesadillas no tienen nada que ver con la triste condición de su entorno. O tal vez si.
El hombre al que dos policías militares de guardia vieron llegar en la Kübelwaguen aquella mañana de primeros de agosto era joven, alto, fuerte, con el denso pelorubio cortado a cepillo y un bigotito recto creciéndole bajo la nariz. Ambos se cuadraron de inmediato ante el recién llegado teniente de las SS, que tenía toda la pinta de ser un recién salido de la academia y seguramente era un pipiolo con un interminable apellido lleno de “vons” y “freiherrs”. El joven bajó del coche con paso firme y orgulloso. Recién licenciado como oficial, tal y como habíanadivinado los guardias, llegaba por fin a su primer destino. Era entonces un hombre frío y seguro, amante de la buena vida pero dispuesto a sacrificarlo todo por los ideales arios, inculcados desde su tierna infancia, en los que creía fervientemente: la superioridad de su raza, que encarnaba la cultura y el futuro; la rectitud de su filosofía; el desprecio por los otros, apenas humanos, y su destinode dominarlos, especialmente en el este, abriéndose camino con la espada, como los antiguos caballeros teutónicos, bajo la guía de su führer Adolfo Hitler.
Lo acogió aquella tonadilla que él no sabía que habría de volver a oír más de cuarenta años después. Una tonadilla triste, que hablaba de paz, una tonadilla decadente, propia de una cultura acabada, de subhumanos, la eslava. Sonaba desde másallá de una alambrada donde se amontonaban tristes, sucios y harapientos, los prisioneros.
El hombre de la cama, que ahora, mas de cuarenta años después se llamaba Hans Kurtz, sin los “vons” y “freiherrs” que habían extendido su interminable apellido, se despierta repentinamente, aún afectado, pero en absoluto sorprendido por la pesadilla que acaba de sufrir. Una pesadilla recurrente que no loha abandonado desde su juventud. La pesadilla que lo ha traído de vuelta a Varsovia, la ciudad a la que llegó siendo joven, durante el gran alzamiento del verano de 1944, su primer destino, con la intención de vengar a su padre, mutilado de guerra en aquel mismo lugar en 1939, durante la invasión de Polonia.
Hans se levanta de la cama pesadamente, abrumado por el intenso dolor que asalta sucabeza en cuanto la mueve. La botella vacía de “Zubrowka” que hay en el suelo no es extraña a ello. Ha sido la única manera de conciliar el esquivo sueño, en aquel triste hotel, y en las extraordinarias circunstancias que lo han traído de vuelta a la ciudad.
Sus pasos lentos lo llevan, seguramente pringándose los pies descalzos de mugres antiguas escondidas en la peluda moqueta, hasta su pequeña...
tracking img