Rosaura a las 10- por marco denevi

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ROSAURA A LAS DIEZ Marco Denevi

CORREGIDOR OBRAS COMPLETAS DE MARCO DENEVI

Tomo I Volumen 1
Diseño de tapa: Elías Rosado Ilustración de tapa: Irene Singer - Leonel Luna Todos los derechos reservados Ediciones Corregidor, 2000 Rodríguez Peña 452 (1020) Bs As Web site: www.corregidor.com / e-mail: corregidor@corregidor.com Hecho el depósito que marca la ley 11723 ISBN de la Obra Completa950-05-1188-6 ISBN 950-05-0491-X Se terminó de imprimir en octubre de 2000 en Artes Gráficas Delsur, Alte. Solier 2450 (1870), Avellaneda Impreso en Buenos Aires – Argentina

ROSAURA A LAS DIEZ
I
DECLARACIÓN DE LA SEÑORA MILAGROS RAMONEDA, VIUDA DE PERALES, PROPIETARIA DE LA HOSPEDERÍA LLAMADA “LA MADRILEÑA”, DE LA CALLE RIOJA, EN EL ANTIGUO BARRIO DEL ONCE Todo esto comenzó, señor mío, haráunos seis meses, aquella mañana en que el cartero trajo un sobre rosa con un detestable perfume a violetas. O quizá no, quizá será mejor que diga que empezó hace doce años, cuando vino a vivir a mi honrada casa un nuevo huésped que confesó ser pintor y estar solo en el mundo. Aquéllos eran otros tiempos, ¿sabe usted? Tiempos difíciles, sobre todo para mí, viuda y con tres hijas pequeñas. Lospensionistas escaseaban, y los pocos que habían eran, hablando mal y pronto, de culo mal asentado, quiero decir, que hoy estaban en una pensión y mañana en otra y en todas dejaban un clavo, o, apenas usted se descuidaba, le convertían su honrada casa en un garito o alguna cosa peor, de modo que a los dueños de hospederías decentes nos era necesario, si queríamos conservar la decencia y la hospedería, unarte nada fácil, ahora desconocido y creo que perdido para siempre: el arte de atraer, seleccionar y afincar, mediante cierta fórmula secreta, hecha a base de familiaridad y rigor, una clientela más o menos honorable. Había que estar en guardia con los estudiantes de provincias, gente amiga de trapisondas, muy alegre, sí, muy simpática, pero que después de comerle el grano y alborotarle elgallinero, se le iba una noche por la ventana y la dejaban a una, como dicen, cacareando y sin plumas; y también con esas damiselas que, vamos, usted me entiende, que se acuestan al alba y se levantan a la hora del almuerzo, y usted se pregunta de qué viven, porque trabajar no las ve; y aun con ciertos caballeros solos y distinguidos, como ellos mismos se llaman, de los que prefiero no hablar. Y todavíame dejo en el buche otros peligros más frecuentes, aunque menos disimulados, como, pongamos por caso, los artistas de teatro, y líbreme Dios si andaban de gira, peligros, sin embargo, que a la fin resultaban menos temibles que los otros que le dije, porque llevaban la luz roja encendida al frente y era posible esquivarlos a tiempo y desde lejos. Pero el hombre que aquella mañana vino a llamar a lapuerta de mi honrada casa me pareció, a primera vista, completamente inofensivo. Era el mismo hombrecito pequeñín y rubicundo que usted conoce, porque, ahora que caigo en ello, le diré que los años no han pasado para él. La misma cara, el mismo bigotito rubio, las mismas arrugas alrededor de los ojos. Tal cual usted lo ve ahora, tal cual era en aquel entonces. Y eso que entonces era poco más queun muchacho, pues andaría por los veintiocho años. La primera impresión que me produjo fue buena. Lo tomé por procurador, o escribano, o cosa así, siempre dentro de lo leguleyo. No supe en un primer momento de dónde sacaba yo esa idea. Quizá de aquel enorme sobretodo negro que le caía, sin mentirle, como un cajón de muerto. O del anticuado sombrerito en forma de galera que, cuando salí aatenderlo, se quitó respetuosamente, descubriendo un cráneo en forma de huevo de Pascua, rosado y lustroso y adornado con una pelusilla rubia. Otra idea mía: se me antojó que el hombrecito estaba subido a algo. Después hallé la explicación. Calzaba unos tremendos zapatos, los zapatos más estrambóticos que he visto yo en mi vida, color ladrillo, con aplicaciones de gamuza negra, y unas suelas de goma tan...
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