Rosaura a las diez, marco denevi

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PUNTO 1
Prefacio...
Poco tiempo atrás, una mujer llamada María Correa salió de la cárcel, después de cinco años de encierro. Fue en busca de algún conocido suyo, alguien que la ayudara a reestablecerse, pero no encontró a nadie. Decidió entonces ir en busca de Iris, quien la acogió en su casa de buen grado. Allí, un amigo de ella, que se hacía llamar el TurcoEstropeado, le fabricó una nueva cédula de identidad, con un nombre distinto.
Todo fue bien, hasta que una noche hubo una fuerte discusión, y un amigo del Turco, un tal Ministro, quiso pegarle. Después la encerraron en su cuarto.
A la mañana siguiente, se escapó. Caminó todo el día, y le pareció que alguien la perseguía. Lo despistó al cruzar las vías del tren.
En ese momento se acordó deCamilo Canegato, un hombrecito al que su tía le solía planchar los cuellos duros de las camisas. Y fue hacía La Madrileña, donde sabía que él vivía.

Un día, hace aproximadamente 12 años, Camilo Canegato llegó a la hospedería La Madrileña. Doña Milagros, la dueña, le hizo un par de preguntas antes de ofrecerle una habitación. Todo transcurrió normalmente, y, a medida que pasaban los años, Milagros ysus tres hijas, Matilde, Clotilde y Enilde, pasaron a considerarlo uno más de la familia.
Doce años después de la llegada de Camilo a La Madrileña, Milagros contrató a Elsa, la mucama. Eufrasia, una de las personas hospedadas, decía que Elsa estaba secretamente enamorada de Camilo. Más adelante, según ella, ocurrieron algunos episodios que comprobaron su hipótesis.
Camilo Canegato decía estarsolo en el mundo, cosa que pudo verse a lo largo de su estadía en la pensión, porque a éste nunca le llegó ni una sola carta, y nadie lo visitaba. Hubieron algunas ocasiones en que una mujer iba a plancharle los cuellos duros de las camisas, pero tiempo después esa mujer también dejó de ir.
Dos años antes que el tiempo en que se relata esta historia, David Réguel había entrado en la hospedería.Era un estudiante de abogacía, muy informado acerca de variados temas. Camilo Canegato no le caía bien, pero como él era un “jentleman”(caballero), nunca dijo nada.
Un día miércoles, al oír al cartero, la señorita Eufrasia fue corriendo hacia la puerta, para ver quien recibía correo. Doña Milagros estaba en el comedor, esperando los normales comentarios que la mujer hacía respecto a lo recibido.Pero no se escucharon. Con una mano temblorosa, Eufrasia le entregó un sobre color rosa, apaisado, con un inaguantable perfume de violetas. La dueña de la casa pensó que sería una carta para Réguel, o para Coretti, otro de los pensionistas. Pero no, ésta era para Camilo. Milagros se llevó una gran sorpresa, y, aunque la intriga la carcomía por dentro, dejó la carta en el cuarto de Canegato, bien ala vista.

Las cartas siguieron llegando, todos los miércoles, con su color rosa y su insoportable olor a violetas. Y como siempre, Doña Milagros los dejaba bien a la vista en el cuarto del destinatario, como reprochándole su silencio respecto al contenido de las cartas, pero éste no abrió la boca.
Un día, aprovechando que la señorita Eufrasia había ido a cobrar su jubilación, fue a limpiar elcuarto de Camilo. Allí encontró las cartas que le habían llegado a éste. Se encerró en su cuarto con sus tres hijas y juntas comenzaron a leer. Eran, como habían sospechado, cartas de amor, firmadas por una tal Rosaura.
Mientras ellas leían, la señorita Eufrasia tomaba un refresco con una antigua compañera de trabajo suya. Ésta le comentó sus deseos de que un pintor la retratara “al natural”.Eufrasia le recomendó a Camilo Canegato, que se dedicaba al arte.
Tiempo después llegó la octava carta, pero en ésta no estaba escrito el nombre del destinatario. Decía Señor Hospedería La Madrileña. Calle Rioja... Al no decir un nombre concreto, Milagros la abrió. Y la leyó, enfrente de Eufrasia y sus hijas. En la mitad de la carta apareció Coretti, pero ella ni se inmutó. Cuando terminó de leer,...
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