Sí dá, que te sorprenda

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  • Publicado : 25 de febrero de 2011
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Determinadas situaciones que ocurren frecuentemente en nuestra actividad cotidiana dentro de un hospital no escapan a las influencias de diversos discursos sociales que tienen su espacio de transversalización en la institución.
Sólo como ejemplo podemos mencionar dos fenómenos como sida y cáncer que suelen confrontarnos con la muerte (de los otros) y ante los que poco podemos hacer.
Ambasenfermedades tienen claras connotaciones sociales a las que no podemos escapar y que nos atraviesan tanto individual, como institucionalmente, por ejemplo ciertos mitos sociales tejidos en torno al Sindrome de Inmunodeficiencia Adquirida sostienen la existencia de una personalidad específica del enfermo; se ha creado una cierta ilusión de que los portadores se corresponden con estructuraspsicopatológicas del orden de las perversiones o las psicopatías y, en consecuencia de su peligrosidad. Esta ilusión esta emparentada a dos situaciones reprobadas moralmente por algunas instituciones de la sociedad: la homosexualidad y la drogadicción. Situaciones que tienen en el imaginario social personajes estereotipados que, sin duda, pocas veces se corresponden con lo que ocurre en la realidad pero que,como todo estereotipo, son necesarios para el mantenimiento de la estructura.
Con respecto al cáncer mucho se ha dicho y escrito ya, pero bien vale refrescar algunos conceptos que nos ilustran acerca de la significación social que posee y la vivencia de juicio, condena y culpa que genera en el paciente. No ocurre esto con quienes padecen enfermedades cardíacas por ejemplo, es más, el corazón ocupaen el imaginario social un lugar más benevolente y hasta romántico, por lo tanto enfermar del corazón no adquiere significaciones negativas, en cambio el cáncer esta asociado a castigo, a culpabilidad y aunque dista en muchos aspectos de asemejarse al sida, contiene en sí ciertas connotaciones que lo equiparan, como frases muy escuchadas referidas a "males sociales" que son "un cáncer que hay queextirpar" y que poseen una curiosa semejanza con la recordada propaganda de la manzana podrida.
Una intelectual norteamericana, Susan Sontag, realiza un interesante análisis sobre las metáforas del SIDA, en el que además habla del cáncer y toma el concepto de plaga como una metáfora del más alto nivel de calamidad colectiva. El SIDA viene entonces a insertarse en el lugar de plaga para nuestrasociedad, incluso desplazando parcialmente al cáncer como metáfora de la plaga, que hasta hace poco ocupaba el primer lugar.
Para que una enfermedad sea considerada plaga en la sociedad es necesario que reúna ciertas condiciones como la de transformar el cuerpo; estar asociada a transgresiones personales -con lo que connotará una situación de castigo-; además deberá ser una afecciónterritorializada es decir que trascienda el plano individual para instalarse en lo grupal y por último ser invasora, es decir venir desde un afuera cultural. Todas estas condiciones, vale la pena aclararlo, no necesariamente deberán ser reales.
El objeto de esta reseña es que nos permita comenzar a comprender qué pasa en nosotros -supuestamente sanos- que vivimos estas "calamidades" como un problema de otros.En segundo lugar interesa puntualizar qué ocurre en el paciente, desde el punto de vista psicológico, a fin de arrojar un poco de luz con respecto a lo que hablamos al principio. La notificación de la enfermedad, se convierte en un veredicto, en una sentencia de muerte, con toda la connotación de juzgamiento, de culpa y de castigo que esto tiene, lo que vale para cualquier enfermedad incurable.Esta notificación irrumpe como situación traumática en una persona singular, con una particular historia y estructura psíquica. Esta singularidad vale entonces con respecto a la vivencia subjetiva que de esta situación tendrá la persona y a sus efectos sobre la conducta de la misma.
Lo más importante consiste en poder pensar y sentir qué sucede entre nosotros -como cuerpo institucional- y la...
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