Secundaria

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  • Publicado : 22 de agosto de 2012
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El origen del hombre se encontraba en Asia. Ésa era la corriente de pensamiento de los antropólogos a principios del siglo XX. En 1923, mientras el anatomista Raymond Dart viajaba desde Londres a Sudáfrica para tomar posesión de un poco atractivo cargo al frente del Departamento de Anatomía de la Universidad de Witwatersrand, poco podía imaginar que iba realizar un revolucionario descubrimientoque cambiaría por completo el mapa de nuestro pasado.

Para dar sus clases Dart deseaba contar con restos de huesos con los que ejemplificar las lecciones, y tal vez abrir un museo. A cambio de unas monedas los estudiantes le traían restos de animales que pudieran cumplir tal fin. Un cráneo fosilizado de babuíno, traído desde una cantera en la localidad cercana de Taung, impresionó lo bastante aDart para que ordenara que buscaran y le trajeran cualquier otro resto que se localizara en Taung.
Un sábado 28 de noviembre de 1924 Dart y su esposa se estaban vistiendo para celebrar un convite por la boda de unos amigos. Llamaron a la puerta. Un par de hombres le habrían traído dos cajas llenas de muestras fósiles procedentes de Taung. Incapaz de esperar, abrió las cajas en la misma entrada.Mientras su mujer se impacientaba y le conminaba a vestirse, pues los invitados estaban a llegar, Dart rebuscó en la primera caja sin hallar nada de interés. En la segunda, en cambio, sí encontró algo que le hizo brillar los ojos. Un molde fosilizado de un cerebro. Dart no podía creer semejante hallazgo. Ningún cerebro fosilizado de simio se había encontrado hasta entonces. Pero aquél no parecía uncerebro de simio común. Desde luego era más grande que el de un babuíno. Seguramente también mayor que el de un chimpancé. Su parte frontal estaba muy desarrollada. Aun así, era demasiado pequeño para ser el de un hombre primitivo. Dart siguió rebuscando, intento hallar alguna pieza que encajara con aquel molde. En una roca encontró un orificio que se amoldaba perfectamente al cerebro fósil. Elanatomista sabía que estaba a las puertas de un descubrimiento sin parangón. Darwin había afirmado que el origen del hombre estaba en África. Tal idea había sido desechada por la comunidad científica. ¿Era posible que realmente el padre de la teoría de la evolución tuviera razón?

La pregunta quedó, por el momento, sin respuesta, pues la esposa de Dart le amenazó con buscar a otro padrino si nose vestía inmediatamente. Reluctante, el anatomista dejó los huesos y fósiles. Una vez libre de compromisos se lanzó febrilmente a estudiar los restos. Con las agujas de hacer punto de su mujer fue rompiendo poco a poco la roca en la que encajaba el cerebro, y que albergaba el cráneo del desconocido especimen. Alrededor de las fiestas de Navidad el rostro quedó por fin al descubierto. Los dientesde leche del animal aún no estaban formados. Los restos eran de una cría de corta edad. Sin embargo aquellos dientes no eran de simio. Eran dientes humanos. El cráneo se asemejaba al de un humano. La postura de la cabeza indicaba verticalidad. Mirando aquel pequeño rostro, casi humano, Dart comprendió que había hallado un nuevo homínido que había caminado a dos patas. Aquel cráneo, con rasgoshomínidos y de simio, podía ser nuestro más antiguo antepasado, el "eslabón perdido". El Australopithecus Africanus era la prueba de que el origen de nuestros antepasados se hallaba en África. Tan rápido como pudo Dart envió un informe con sus descubrimientos del "niño de Taung" a la revista Nature.

Algunos años antes, en 1912, el arqueólogo aficionado Charles Dawson había encontrado en una pequeñazanja cercana a la localidad de Piltdown (Gran Bretaña) unos restos homínidos que presentó A Arthur Smith Woodward, conservador del departamento geológico del British Museum. Ambos volvieron a la zanja, donde encontraron más restos de un cráneo y un trozo de mandíbula. Una vez reconstruído, Woodward observó que, salvo el occipucio y la capacidad craneal, aquel cráneo era similar al de un hombre...
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