Tecnicas de oficina

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EL HEREDERO

Elaine Coffman

Para mi abuela,
cuya sombra ha bailado por mi vida.

MAUDE TATUM DAVISON,
1881-1952

Siempre supe que ocupaba un lugar en tu corazón; ahora puedo decirte que tú sigues envolviendo el mío. Eres el ancla de la vida. Recuerda era tu palabra mágica. Todo lo que soy, todo lo que he hecho ha sido gracias a ti.Cuántas veces he deseado verte una vez más, aunque sólo fuera para decirte gracias. Te quise entonces. Te quiero ahora.

Nadie se ilumina a sí mismo, ni siquiera el sol.

ANTONIO PORCHIAS, VOCES (1968)

En cuanto oí mi primera historia de amor
empecé a buscarte,
sin darme cuenta de que la búsqueda era inútil.
Los amantes no se encuentran por el camino,
están yaen el alma de cada uno desde el principio.

JALAL AL-DIN RUMI, poema persa.

I

LA MUJER

Lo que uno percibe de una mujer es lo que
menos forma parte de ella

OVIDIO, Remedios de Amor

Prólogo

Castillo de Dornoch, Escocia, 1848

Todos los problemas empezaron cuando su madre le puso el nombre de un caballo.
Al pensar en su mejor amigaallá en Inglaterra, y en que debía estar en ese momento disfrutando del final de la temporada en Londres, lady Annabella Stewart desplazo el peso de un pie al otro nerviosamente. Hervía de resentimiento y humillación. Todo había parecido tan bonito y prometedor cuando meses atrás abandonó el castillo de Saltwood y viajó a la casa familiar en Londres. Acababa de cumplir diecisiete años, era suprimera temporada, y se consideraba la mujer más afortunada del mundo.
¡Cómo habían cambiado las cosas! « Tendrías que haberlo sabido, Bella –se dijo-. Tendrías que haberlo sabido. Alguien con el nombre de caballo...»
Su madre, poco antes del nacimiento de Bella, había ido a las carreras de caballos y había visto cruzar la meta en primer lugar a una bonita potra gris llamada Lady Annabella.«Pero, Bella –se había excusado su madre en múltiples ocasiones desde entonces-, era un caballo muy bonito. Y llegó el primero.»
Sólo cuando se encontró con una copa de champán en la mano Annabella dejó de pensar en Inglaterra y el pasado para concentrarse en Escocia y el presente.
«Pronto acabará -pensó-. Mi vida pronto acabará.» Aquello no podía estar ocurriéndole. No a ella. Mirófijamente a su padre, sintiendo el pánico en el corazón y los asfixiantes dedos del destino en la garganta. Enferma y desesperada, expresó su súplica con la mirada. El duque de Grenville entornó los ojos y se aclaró la garganta. No dijo nada.
Annabella cerró los ojos, borrando así el severo rostro de su padre. «Va a hacerlo -pensó-. Va a hacerlo realmente.» Con toda frialdad, sin el menorsentimiento, iban a casarla con un hombre que acababa de conocer, un hombre que tenía ya veinte años cuando ella nació.
Humillada, Annabella sintió que el frío del castillo la envolvía. Se trataba de una celebración, una reunión de familias y clanes para sellar un acuerdo y bendecir el matrimonio. Debería ser un día alegre.
Pero en vez de eso, era un día de tristeza. La madre de Annabellaintentaba mostrarse contenta, pero sus ojos resplandecían demasiado para no atribuirlo a las lágrimas. Arriba, Bettina, la doncella, estaba llorando. Jarvis, el mayordomo del duque, tenía algo en el ojo. Fuera llovía a cántaros. Incluso las velas de los candelabros goteaban.
-¡Por nosotros y al infierno con los ingleses!
Aquel brindis en voz alta interrumpió el suave tono de laconversación como un trueno, provocando un silencio sepulcral.
Cualquiera de los presentes en el gran salón del castillo de Dornoch podría haberlo formulado. En otro momento aquel brindis hubiera indignado a un verdadero inglés, pero Alisdair Stewart, duque de Grenville, se limitó a mirar a su hija, Annabella, y a John Gordon, conde de Huntly, su prometido, y levantó la copa.
-Por una larga y...
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