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Soy yo acaso guarda de mi hermano? (I)
Lunes, 28 de Mayo de 2012 09:24
«Sobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid así la ley de Cristo» (Gál. 6:2).
«Este es tu problema, no el mío»; «¿Y a mí qué? Yo paso».
Estas frases, tan populares hoy en una sociedad individualista en grado sumo, reflejan la tendencia natural del ser humano desde que Caín hizo la cínica pregunta que aparececomo título de este artículo refiriéndose a su hermano Abel, a quien acababa de matar.
Por naturaleza, todos llevamos algo de «cainismo» en el corazón: indiferencia y egoísmo en las relaciones con el prójimo.
Incluso muchas personas creen y hacen suyo de buena fe aquel refrán que dice: «Cada uno en su casa y Dios en la de todos». Es una versión «espiritualizada» que pretende justificar lacomodidad del individualismo. No se trata, pues, de un problema moderno ni exclusivo de egoístas empedernidos. Nos afecta a todos y ha sido así desde siempre.
Es cierto que la actual crisis económica en Europa está estimulando formas de solidaridad alentadoras, ya sean en anónimos actos de amor o mediante organismos -las ONG- donde podemos encontrar a personas que de manera voluntaria y sacrificada, aveces casi de forma heroica, se desviven por ayudar al prójimo. Como decía Pascal, el ser humano no es ni ángel ni bestia y, en el fondo, es las dos cosas a la vez. Todos llevamos «un ángel» dentro porque conservamos la imagen de Dios, este sello imborrable que persiste aunque esté profundamente alterado por el Pecado. Esta impronta del carácter divino nos lleva a luchar contra el «demonio» quetambién anida en nuestro corazón y que convierte al hombre con frecuencia en esclavo de su codicia, su egoísmo, su ambición sin límites, su amor por el dinero fácil etc. Precisamente todas estas conductas -la Biblia las llama pecados- están en la raíz de la actual debacle económica. El problema de Europa hoy no es en primer lugar un problema de mercados financieros sino de ambiciones sin límite y deegos desbordados. Ahí empieza todo.
Surge entonces una pregunta natural: ¿cómo podemos promover estas actitudes y conductas de solidaridad y de preocupación mutua? ¿Es una asunto sólo de sensibilidad social? ¿Qué aporta el cristianismo a la cura -el cuidado- del prójimo? No es este el lugar para hacer un repaso detallado, pero la Historia nos muestra cómo el cristianismo, y en particular suénfasis distintivo en el amor al prójimo, ha sido una de las columnas de la civilización occidental. Frente al innato egoísmo humano la ética del Evangelio se ha alzado -y sigue alzándose hoy- como una poderosa fuente de sanidad en las relaciones humanas. Ha transformado personas, familias y países enteros. Esto ha sido así porque el seguidor de Cristo no puede lavarse las manos indiferente ante lasnecesidades de otros y es llamado a preocuparse activamente por su hermano.
El sobrellevar los unos las cargas de los otros constituye uno de los mayores privilegios -y deberes- del discípulo de Jesús que afirmó con rotundidad en la frase conocida como «regla de oro»: «Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos» (Mt. 7:12).
De estamanera, la exhortación del apóstol Pablo a sobrellevar los unos las cargas de los otros deviene un examen clave de la vida cristiana. Viene a ser como una reválida de nuestra fe que evalúa tres aspectos esenciales de la madurez cristiana: por un lado mide nuestro egoísmo; en segundo lugar, nuestro amor al prójimo y, finalmente, nuestro compromiso con el pueblo de Dios, con la iglesia.
Vamos aconsiderar en este artículo y en el siguiente tres aspectos fundamentales del cuidado mutuo. Estos principios son extensivos a todo prójimo, aunque los hermanos en Cristo -«la familia de la fe»- constituyen nuestra prioridad tal como enseña el apóstol Pablo (Gá. 6:10), de ahí nuestro énfasis en las relaciones con los hermanos en la fe. El que no ama y cuida de su hermano al que tiene al lado,...
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