Test

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 389 (97068 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 23 de agosto de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
HIJO DEL TIEMPO

Isaac Asimov Robert Silverberg

Isaac Asimov
Título original: The ugly little boy Traducción: Eduardo G. Murillo © 1992 by Nightfall Inc. y Agberg Ltd. © 1993 Plaza & Janés Editores S.A. Enric Granados 86 - Barcelona ISBN: 84-01-49136-3 Edicion digital: Carlos Palazon Revisión: Gra R6 05/02

Robert Silverberg

Para Martin y Harry Greenberg, con una doble medida de afecto

Y,solo en la oscuridad del castillo de proa dormido, parecía más grande, colosal, muy viejo; viejo como el propio padre Tiempo, que se hubiera acercado a este lugar con el sigilo de un sepulcro para contemplar con ojos pacientes la corta victoria del sueño, el consolador. Sin embargo, no era más que un hijo del tiempo, solitaria reliquia de una generación devorada y olvidada... Joseph Conrad, Elnegro del Narcissus

Prólogo - NUBE DE PLATA Una fina capa de nieve, tenue como la niebla, se había posado durante la noche, transportada por el viento del oeste. Debía de venir de muy lejos. Aún conservaba el olor del mar, que se elevaba de la vasta y desértica tundra a medida que el calor de la mañana obraba su efecto. Nube De Plata había visto el mar en una ocasión, mucho tiempo atrás, cuando eraniño y el Pueblo todavía cazaba en las tierras del oeste. El mar era inmenso, oscuro y turbulento, y según cómo lo bañaba la luz del sol, brillaba como un extraño fuego líquido. Jamás volvería a verlo, y lo sabía. Las tierras que bordeaban el mar se hallaban ahora en poder de los Otros, y el Pueblo estaba en retirada. Cada año se acercaba más y más al lugar donde nacía el sol. Y aunque los Otrosdesaparecieran tan repentinamente como habían llegado. Nube De Plata comprendía que no existía la menor esperanza de regresar al territorio de la costa. Era demasiado viejo, demasiado débil; su fin estaba próximo. La tribu tardaría la mitad de una vida, tal vez más, en volver sobre los pasos de su camino hacia el este. A Nube De Plata no le quedaba la mitad de una vida. Dos o tres años, con suerte;eso era lo más probable. Pero no lo sentía. Ya había visto el mar una vez, y ningún miembro de la tribu podía decir lo mismo. Nunca olvidaría su olor, la magnitud de su fuerza. Ahora, estaba erguido sobre la elevación que dominaba el campamento, y contemplaba la sorprendente perspectiva de las llanuras nevadas. Aspiró una profunda bocanada de aire y dejó que el aroma a almizcle del mar se elevarahasta él, mezclado con el vapor que se desprendía de la nieve fundida. Por un momento volvió a sentirse joven. Sólo un momento. —Anoche, cuando acampamos, no mencionaste nada sobre la nieve, Nube De Plata — dijo una voz a sus espaldas. Era la voz de La Que Sabe. ¿Por qué lo había seguido hasta allí? Había subido para estar solo en el silencio del amanecer. Y era la última persona por la quedeseaba ser molestado en ese momento íntimo. Lentamente, Nube De Plata se volvió. —¿Acaso es la nieve algo tan insólito que debo anunciar siempre su llegada? —Estamos en la quinta semana del verano, Nube De Plata. El anciano se encogió de hombros. —También puede nevar en verano, mujer. —¿En la quinta semana? —En cualquier semana. Recuerdo veranos en que la nieve no cesaba de caer, día tras día. Se veíael sol radiante del verano brillar tras las nubes, pero la nieve seguía cayendo. Y eso ocurría en las tierras del oeste, donde los veranos son más cálidos que aquí. —Eso fue hace mucho tiempo, antes de que yo naciera. Dicen que los veranos son mejores en todas partes, y parece que es verdad. Deberías avisarnos cada vez que vaya a nevar. Nube De Plata. —¿Tanto ha nevado? Apenas se ha formado unacapa delgada, La Que Sabe. —Podríamos haber sacado las mantas. —¿Por tan poca nieve? —Sí. A nadie le gusta despertarse con la cara cubierta de nieve. Tendrías que habérnoslo dicho. —No me pareció importante —contestó Nube De Plata, irritado. —De todos modos, tendrías que habérnoslo dicho. A menos que ignoraras su llegada. La Que Sabe le dirigió una larga mirada hostil, henchida de malicia. A...
tracking img