Un saco de huesos

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  • Publicado : 7 de noviembre de 2011
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Sí, Bartleby, quédate allí detrás de tu mampara, pensé; no te perseguiré más, eres inofensivo y silencioso como cualquiera de estas sillas viejas; en resumen, nunca me siento tan solo como cuando sé que estás ahí. HERMAN MELVILLE Bartleby, el escribiente Anoche soñé que regresaba a Manderley... Mientras estaba allí, inmóvil y silenciosa, habría jurado que la casa no era un caparazón vacío, sinoque vivía y respiraba como en otros tiempos. DAPHNE DU MAURIER Rebeca, Marte es el paraíso.

STEPHEN KING Un Saco de Huesos

NOTA DEL AUTOR En algunos episodios de esta novela se hace referencia a los aspectos legales de la custodia de una niña en el estado de Maine. Para entender el tema pedí ayuda a mi amigo Warren Silver, que es un excelente abogado. Warren me asesoró meticulosamente y enel proceso me habló de un viejo artefacto llamado Stenomask, que de inmediato me apropié para mi historia. Si hay algún error jurídico en la novela, cúlpenme a mí y no a mi asesor legal. Warren también me pidió –con tono bastante plañidero– si no me importaría poner algún abogado «bueno» en la historia. Lo único que puedo decir al respecto es que he hecho todo lo posible. Gracias a mi hijo Owen porsu asesoramiento técnico en Woodstock (Nueva York) y a mi amigo Ridley Pearson por su asesoramiento técnico en Ketchum (Idaho). Agradezco a Pat Dorman su comprensiva y perspicaz lectura del primer borrador. Mi gratitud hacia el monumental trabajo editorial de Chuck Verrill. Gracias a Susan Moldow, Nan Graham, Jack Romanos y Carolyn Reider por sus atenciones y sus consejos. Y gracias a Tabby, queestuvo a mi lado cuando las cosas se complicaron. Te quiero, cariño.

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STEPHEN KING Un Saco de Huesos CAPITULO 1 Un bochornoso día de agosto de 1994, mi mujer me dijo que iba al Rite Aid de Derry a comprar un recambio para el inhalador de la sinusitis; según creo, en la actualidad estos fármacos se venden sin receta médica. Yo había terminado de escribir por ese día y meofrecí a ir en su lugar. Dijo que no, gracias, que de todos modos quería comprar pescado en el supermercado de al lado; que así mataría dos pájaros de un tiro, o algo por el estilo. Me sopló un beso y salió. La siguiente vez que la vi fue en la pantalla de un televisor. Así es como se identifica a los muertos aquí, en Derry... No hay que recorrer un pasillo subterráneo con azulejos verdes en las paredesy largos tubos fluorescentes en el techo, nadie saca el cuerpo de una nevera en una bandeja con ruedas; uno sencillamente entra en una oficina con un cartel de PRIVADO, mira la pantalla de un televisor y dice sí o no. El Rite Aid y el Shopwell están situados a menos de un kilómetro y medio de casa, en un pequeño centro comercial donde también hay un videoclub, una librería de ocasión (donde seven den muy bien mis viejas ediciones en rústica), una tienda de artículos electrónicos y un estudio fotográfico. Está situado en UpMile Hill, en el cruce de Witchman y Jackson. Mi esposa aparcó delante de Blockbuster Video y entró en la farmacia, donde la atendió Joe Wyzer, que en aquel entonces era el farmacéutico, aunque ahora lo han trasladado al Rite Aid de Bangor. Al llegar junto a la cajacogió una de esas chocolatinas rellenas con forma de animales; ésta, concretamente, con forma de ratón. La encontré más tarde en su bolso. Le quité el papel y me la comí –sentado en la cocina con el contenido del bolso rojo esparcido ante mí– y fue como si comulgara. Cuando no quedó nada del ratón, aparte del sabor del chocolate en la lengua y la garganta, me eché a llorar. Permanecí sentado ante elcaos de pañuelos de papel, maquillaje y llaves y lloré como un niño, cubriéndome los ojos con las manos. El inhalador estaba en la bolsa del Rite Aid. Había costado doce dólares y dieciocho centavos. Pero en la bolsa había algo más... un artículo que había costado veintidós con cincuenta. Lo miré durante mucho rato sin entender. Estaba sorprendido, quizá incluso atónito, pero la idea de que...
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