¡Venganza! ¡venganza! ¡muerte a la alimaña descalza!

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  • Publicado : 4 de noviembre de 2011
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Capítulo 21
“¡Venganza! ¡Venganza! ¡Muerte a la alimaña descalza!”.

1

Sentada en un canapé, con las piernas estiradas y mirándome a los ojos, Ulrika Storm moverá los pies desnudos, pequeños, rosados, con las plantas limpias y lisas, en una extraña danza que acompañará a sus palabras.

—Los hombres y las mujeres nacimos para el silencio y la inmovilidad. Nuestras palabras y gestos debenestar orientados a la quietud…

Afuera la niebla tóxica golpeará los vidrios blindados del Torreón del Monje. Esa Mar del Plata envenenada, me resultará ajena y a la vez cercana y oprimente como los muros de una celda.

— …la detención de nuestras acciones y del propio mundo, debe ser el telón de fondo de todo lo que hagamos. Pagamos con lo mejor de nosotros al aturdirnos con el ruido,con la actividad frenética…

En un arranque poético, un periodista local diría que “la bruma asesina tiene un corazón de furia”, y recordaré esta expresión cuando la brisa arroje penachos grises, luminosos, destellantes, y golpee los vidrios con ruidos metálicos y armónicos

Ulrika me mirará con los ojos entornados y una sonrisa.

— Pasaron treinta años de nuestro último encuentro —comentaré — Yo estoy viejo, pero tú sigues como en aquella época. No quiero preguntarte la edad.

Me responderá sin el tono académico que acompañara a sus palabras.

— Sabes que las mujeres descalzas no envejecemos y esa es una razón por la que nos persiguen. A pesar de vivir en una sociedad racional y científica, siguen pensando que somos brujas, que tenemos un pacto con el diablo…aunque hoy nadie lo mencione, el demonio sigue teniendo buena prensa…

La interrumpirá el coro de carcajadas desde el salón central: Adriaan Van Santen y los meseros seguirán burlándose de mi novela.

En el parque de la residencia que ocuparán Brenda y su familia, Le Corbusier, el arquitecto francés que diseñara la mansión, añadiría un edificio anexo con tres torres en el que funcionará unhospital exclusivo para la atención de enfermedades de los habitantes, sean dueños o criados.

Terencia despertará en la habitación que le asignaran en casa de Brenda y al abrir los ojos, descubrirá su pierna derecha suspendida hacia arriba cubierta por la costra blanquecina del yeso; en la madrugada, un par de médicos y varios enfermeros, habrán levantado junto a la cama un sistema de cuerdas,pesas y poleas para sostenerla. La joven no necesitará girar la cabeza para saber que Brenda estará a su lado, atenta a sus reacciones.

— Terencia, querida, has despertado por fin. ¿cómo te sientes? El doctor te dio una mezcla de láudano y valeriana con la que dormiste hasta ahora.
— Bien… estoy bien.

Evitando mirar a su amiga, Terencia girará el rostro hacia la ventana. Lentas ondasrojas brotarán de su cuerpo y atravesarán la pared para perderse en el mediodía brillante. En el parque, un grupo de muchachas ensayarán con sus pies descalzos, pasos de baile sobre la grama húmeda, quizá esperando el almuerzo que desde la chimenea de los criados anunciará en unos minutos la columna de humo. Terencia envidiará la despreocupación de los sirvientes, concentrados en comer, mantener lasalud, tener sexo y garantizar la continuidad de la especie. Con esto terminarán sus funciones en la vida y podrán reposar. Ella, en cambio, traicionaría la hospitalidad que le brindara su amiga, pasando la noche en el sótano de la mansión. Habrá visto los pies desnudos y deslumbrantes de Brenda y ahora se sentirá regresar al paisaje cotidiano, llena de dolor y vergüenza.

— Querida amiga:has caído desde cinco varas aragonesas, unos cuatro metros, la distancia entre el balcón del planetario y el piso del sótano. Te has fracturado la pierna y has recibido la mejor atención de toda Europa. Quizá consideres que merezco una explicación. ¿Qué hacías en el sótano a la madrugada?

Terencia permanecerá callada y los ojos de Brenda la mirarán expectantes. Los segundos transcurrirán en...
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