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El cuesco de Chile

Hay, además, una apelación a los emblemas de la chilenidad. Casi todos ellos proceden de la cultura popular campesina del Valle Central. Y aunque sea sólo como decorado, se lucen los símbolos de un Chile rural ya casi desaparecido. Los supermercados y centros comerciales se adornan con fardos de pasto, tinajas y ruedas de carreta, y en su música ambiental incluyen tonadasque hablan de un país bucólico, con sauces, carretas de bueyes, esteros y vides.

La invocación de todos esos emblemas tiene sentido porque en el Valle Central se formó la nación. A fines del siglo XVI, después de la victoria de Curalaba, los mapuches destruyen todas las ciudades al sur del Bío Bío. Los españoles se repliegan entonces a la zona central. En las grandes propiedades rurales:encomiendas, concesiones de tierras y haciendas se forma el pueblo chileno con su cultura propia, que tiene ricas manifestaciones en la literatura oral, la religiosidad, la arquitectura, la artesanía, la música, la indumentaria, las comidas, los juegos y las fiestas populares.

Esta cultura campesina se consolida a lo largo de los siglos XVII y XVIII y conserva su vitalidad en el XIX. Las élitesilustradas republicanas, o no la ven o la desprecian. La consideran más bien como parte de un legado de oscuridad, de superstición y atraso que era necesario superar. Para estas élites, los paradigmas culturales se encontraban en Europa, principalmente en Francia cuando se trataba de ciencia y literatura, y en Italia, en materia de plástica y música. Si se ocupaban de lo autóctono era sólo ocasionalmentey con una sensibilidad teñida por el romanticismo europeo. Para la aristocracia gobernante, Chile debía aspirar a convertirse en un país modelado por los paradigmas de la modernidad de Occidente.

De modo que la más rica sustancia cultural de la nación permanece invisible por varias décadas. Sólo cuando aparece en la escena social la clase media, y cuando la actividad cultural seprofesionaliza, en instituciones como la Universidad de Chile, el país empieza a descubrir este rico patrimonio con el que construye una identidad mirando hacia sus propias honduras.
"De estofa ordinaria y grosera"

A principios del siglo XX dos profesores del Instituto Pedagógico: Julio Vicuña Cifuentes y Rodolfo Lenz, descubren la poesía popular, cuyas raíces se encuentran en el romance castellano quetrajeron los conquistadores, y que se conservó oralmente, durante siglos en nuestro campo.

Un alumno le llevó a Vicuña una versión muy alterada de un antiguo romance español, que había obtenido de boca de un viejo campesino de Buin. Esto puso al profesor en la pista de una investigación apasionante, que lo llevó a recoger doscientas cincuenta versiones de romances castellanos, que circulaban aúnpor el campo chileno. Cuando el célebre filólogo español Ramón Menéndez Pidal, visitó Chile en 1905, manifestó su admiración frente a la abundancia de romances que había en nuestro país.

Pero el desprecio por estas expresiones seguía vivo. Cuando Vicuña publicó una colección los romances populares recopilados de la tradición oral chilena, se levantaron voces como las de Pedro Nolasco Cruz paraadvertir que estos poemas no tenían interés por ser "de estofa muy ordinaria y grosera" predominando en ellos "ya el carácter huaso, ya el jaranero o de matón".
 La ciudad nefasta

Así, este profundo Chile rural fue descubierto y convertido en emblema, en ideal y nostalgia, desde la ciudad moderna que es, en cierto modo, la negación de aquel mundo campesino.

En muchas obras, como Golondrina deinvierno, de Víctor Domingo Silva, la ciudad aparece como lo artificial, lo falso, lo hipócrita, frente a la naturalidad y sencillez de la vida campesina. En La chica del Crillón, de Joaquín Edwards Bello, la protagonista, una niña que vivía por y para las apariencias sociales santiaguinas, encuentra su salvación y el destino final de su vida en brazos de un huaso; en Criollos en París, del...
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