Aborto

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El Aborto social
La despenalización de la interrupción del embarazo hasta la doceava semana de embarazo, aprobada por la ALDF en abril del año pasado, es un paso importante para hacer realidad no sólo uno de los derechos básicos de las mujeres: decidir sobre su propio cuerpo y su maternidad - que podría sintetizarse como “proyecto de vida”- sino también para garantizar algo más elemental: unmínimo de justicia social para la mayoría de las mujeres de esta ciudad.
La despenalización del aborto ha sido, como sabemos, una demanda planteada desde hace más de treinta años por las feministas mexicanas. A poco más de un año de la aprobación de la iniciativa de ley que ha permitido la interrupción de cerca de 8 mil embarazos en condiciones seguras –con una sola muerte, lamentable de todas formas–quisiera recordar brevemente a una de las voces más destacadas del feminismo y de la lucha por la maternidad libre y los derechos de las mujeres en México: Esperanza Brito de Martí, quien murió en agosto 2007, tras una vida intensa y fructífera. Periodista, feminista, activista y organizadora, en abril del año pasado convocó a un foro para contribuir al debate sobre la iniciativa que se discutíaen la Asamblea del DF. Su último artículo publicado nos recuerda lo ardua que ha sido la historia de la lucha por la despenalización del aborto en México y nos permite ver lo poco que han cambiado, en un sentido, las fuerzas que se oponen al ejercicio pleno de la agencia y la libertad de las mujeres.
Escribía Esperanza Brito en abril de 2007 (en “Hoy, las mujeres siguen en pie. Los inicios de lalucha por aborto libre y gratuito”, CIMAC, 3 de abril 2007): En 1970 nadie quería hablar de aborto, sólo unas cuantas feministas que tenían columnas en periódicos y revistas tocaban el tema. Era de mal gusto tratar un asunto tan polémico y, según el criterio imperante, “tan feo”. Pues sí, no es bonito, pero era necesario sacarlo a la luz pública […].
Las mismas feministas se debatían entre síiniciar o no la lucha por un aborto libre y gratuito, porque sentían que hacerlo podría provocar rechazo hacia el movimiento entre la población que, en su mayoría, se define como católica. No obstante se sabía, por un estudio hecho en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que la gran mayoría de las mujeres que habían sido atendidas por abortos inconclusos se confesaban católicas. Tambiénarrojó el estudio que eran casadas y madres de tres hijos o más […].
Finalmente, después de años de estar picando piedra, en 1976 se desata la polémica sobre el aborto. ¿Y quiénes hablan? Entonces, como hoy, hablan los hombres: diputados, funcionarios, políticos, curas, médicos, abogados y, desde luego, los “condenatorios”, que mandaban a las mujeres que abortaban y a las feministas a las profundidadesdel averno […]
Cuenta entonces como un grupo de mujeres feministas se organizaron para que el debate no excluyera sus voces y llegaron a presentar a la Cámara de Diputados una iniciativa de ley, documento que.- imagina - “desapareció de sus vidas para siempre, tal vez olvidado en un cajón”, aunque no “sin dejar huella” ya que un mes después, en octubre del 76, el Movimiento Feminista Mexicano, sealía con el Movimiento Nacional de Mujeres “y surge la Coalición de Mujeres Feministas partir de ese momento”, que marca el inicio de la época más activa del feminismo mexicano.. Para 1977, cuando se llevó a cabo la segunda Jornada Nacional sobre el Aborto, el debate ya estaba en la calle, pero persistía la resistencia ante ese tema tan “feo”; en realidad, tan “peligroso” para algunos que, aveces, el discurso de las feministas “ era violentamente rechazado y no faltaba quien las llamara asesinas. Otros las llamaban prostitutas o lesbianas. Ellas procuraban mantenerse serenas recordando el adagio ‘El que se enoja, pierde’. No estaban dispuestas a perder”. Y no perdieron. Con todo y su desventaja numérica y económica, la oposición del presidente, la pasividad hipócrita de los partidos...
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