Adela cortina neurociencia y ética

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TRIBUNA: ADELA CORTINA
Neurociencia y ética
ADELA CORTINA 19/12/2007 EL PAÍS
 
La interdisciplinariedad, esa expresión tan manida como poco practicada, es a todas luces una necesidad social. Aunque en las universidades siga habiendo algo así como fosos con cocodrilos entre las ciencias "duras" (las naturales), las "blandas" (sociales y de la salud) y las humanidades, lo bien cierto es que niun solo problema puede abordarse con rigor en solitario. De Solo ante el peligro habríamos de pasar a la colaboración sincera, si no queremos acabar en La jauría humana. Teniendo en cuenta que en este trabajo compartido son también indispensables los "legos" en las distintas materias, los ciudadanos de a pie, que son también afectados.

Mundo intercultural y ciudadanía cosmopolita son objetivoséticamente deseables

Un ejemplo palmario de esa necesidad -sólo uno- es el de las neurociencias, que tan valiosas aportaciones vienen haciendo al bienestar humano y, a la vez, tal cantidad de desafíos están planteando al conjunto de la sociedad.

Las neurociencias, como sabemos, son ciencias experimentales que intentan explicar cómo funciona el cerebro, sobre todo el humano; y dieron un pasoprodigioso al descubrir que las distintas áreas del cerebro se han especializado en diversas funciones y que a la vez existe entre ellas un vínculo. Las capacidades de razonar y sentir están misteriosamente ligadas, de modo que los fallos emocionales pueden llevar a conducirse de forma antisocial a gentes que, sin embargo, razonan moralmente bien.

El caso de Phineas Gage, en 1848, en NuevaInglaterra, fue espectacular. Un capataz de la construcción, querido y admirado por compañeros y jefes, sufre un terrible accidente que le daña el cerebro y con el tiempo su conducta cambia radicalmente. Se convierte en un ser agresivo, desagradable, del que todos huyen, a pesar de que sigue manteniendo su capacidad de razonar. Tras el accidente, "Gage no es Gage", dirá Damasio en El error deDescartes.

El Dr. Jekyll, serio y responsable -podemos decir por nuestra cuenta-, se puede convertir por perturbaciones cerebrales en Mister Hyde, en un ser incapaz de anticipar el futuro, prever consecuencias y asumir responsabilidades. Justamente, cuando el hombre es el animal capaz de hacer promesas.

Todo esto abre, claro está, un universo de posibilidades para hacer real ese principio de laética científica que es el de beneficiar sin dañar.

Se dice que podremos prevenir enfermedades como la esquizofrenia, el Alzheimer o la arterioesclerosis, mantener una salud neuronal decente hasta bien entrados los años, como también diagnosticar, prevenir y tratar tendencias, como las violentas, que dañan a la sociedad, pero también a los violentos mismos.

Al parecer, las tendencias violentastienen su origen en la estructura del cerebro, y un déficit en ella predispone a conducirse de forma agresiva. Como por fortuna no somos esclavos de nuestra biología, sino que la mayor parte de nuestra conducta depende de la interacción con el medio, es posible tomar medidas quirúrgicas y farmacológicas, pero sobre todo educativas. Cuantos más datos tengamos sobre nosotros mismos, mejor orientadairá la educación, que debería ser cuestión prioritaria en cualquier país.

Ahora bien, como el principio de beneficiar está ligado al de no dañar, importa tratar esos datos con sumo cuidado para no estigmatizar a determinadas personas aun antes de que actúen, para no violar el deber de confidencialidad utilizando los conocimientos con fines policiales, laborales o eugenésicos, y para no eximir deresponsabilidades a quienes sí podían obrar de otro modo. De hecho, los jueces tratan este tipo de información como un elemento más a la hora de decidir, pero no como determinante. A todo ello se añade la necesidad de repensar ciertas claves del mundo humano como en qué consiste la identidad de una persona y en qué medida es legítimo intervenir en su cuerpo sin su consentimiento. Con todo ello...
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