Al amigo que no me salvó la vida: la historia ficcional de un yo

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  • Publicado : 25 de julio de 2010
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Al amigo que no me salvó la vida
La historia ficcional de un yo

En los párrafos siguientes trataré sobre un libro francés que se encuentra en la Biblioteca Central de Madrid en el apartado “Biografías”. Supongo que la clasificación obedece a un descuido o a una lectura veloz de la primera página del encargado, que no se percató del grado de ficcionalización, poesía y creación que, desdeefectivamente un yo que cuenta su vida en primera persona, hace de esta narración una de las obras más importantes que se han escrito desde la enfermedad y el desahucio.

Este es un libro que cuenta un final, y en ese sentido solamente el tema -la muerte- prometería ser conmovedor, aunque en el caso de esta narración el trabajo con la escritura lleva el tema a un verdadero compromiso literario; loque este libro “cuenta” es el final de una vida, la de su autor, Hervé Guibert[1], fotógrafo, escritor, crítico, y personaje polémico, como cabría esperar de una de las parejas de Michel Foucault, que murió de sida en 1991. Pero no sólo cuenta la historia de su enfermedad, sino el proceso de su propia escritura, una especie de disectomía literaria, donde el dolor es algo así como el escalpelo quepenetra en el ejercicio mismo de contar y volver a crear lo supuestamente vivido. Sin embargo, ésta no es una novela que busca conmover a partir de la facilidad del recuento del dolor, la incomprensión o la injusticia que significa haber quedado infectado. No estamos ante una novela que solamente registra la angustia y la “lucha” por sobrevivir. Estamos frente a una escritura que usa el sida, elsida en la propia vida, para proponer un lenguaje que el autor venía desarrollando desde antes de conocer su seropositividad. Como proyecto de escritura, como escritura que hace algo en el mundo, Guibert Al amigo que no me salvó la vida ofrece una mirada más íntima, y por tanto, un lenguaje más íntimo también; algo que se mueve entre la asunción de una muerte inminente y una esperanza que derepente parece abrirse. La enfermedad en este libro opera como una especial conciencia del cuerpo. El narrador, Guibert -del cual iremos viendo hasta qué punto puede ser considerado completamente Guibert autor-, se encuentra en un punto crucial. Acaba de enterarse que hace unos seis años aproximadamente contrajo el virus y que va a morir, él y los amigos que aún el mal no ha matado, como MichelFaucault -Muzil en la obra. Del virus, debido a la novedad de su irrupción, no se sabe mucho, y tal vez esto es lo apasionante: la elucubración sobre él, sobre la posibilidad de una vacuna “secreta” y milagrosa -sujeta todavía a experimentación- que detenga su poder, al menos postergando la muerte del enfermo, si no salvándole la vida. Es desde ese lugar, desde el derrumbamiento y la esperanzaconstantes, que tenemos acceso a un proceso reflexivo vuelto escritura.

Junto con la historia en sí, o precisamente por ella, se nos abre también un historial médico; un recuento constante de T4, pruebas, visitas, tortuosos y torturadores análisis médicos; en suma, una revisión constante de un bienestar aceptable que desde el papel impreso confirme la posibilidad de sostenerse. Es sobrecogedor, eneste sentido, el deseo franco y explícito de vivir del narrador –de hecho, el libro es la búsqueda de esta posibilidad-, pese a confesar con la arrogancia que por tantos años lo ha caracterizado, que lo que siente por la humanidad es odio, y tal vez más desde que se sabe enfermo, ya que el mal le ha dado una conciencia superior; una conciencia y un ego aún más desarrollado, posibilitando vertodavía mejor la vulgaridad y simplicidad de la salud y la normalidad, lo que sin duda no sólo nos remite a la posición romántica de lo “interesante” que se vuelve la gente al caer enferma, como recordaba Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas. La fascinación por esta particular superioridad que encarna el enfermo no muestra a Guibert como una excepción, al descubrirse recubierto de un aura...
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