Alan

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La Tormenta Negra
Lluvia de ideas en el desierto de mi espejo. Arthur Alan Gore
Esto no se parece en lo más mínimo a lo que escribo, pero me gusta.
Deudas de juego son deudas de honor. Le debo mucho a Armando Vega-Gil, bajista de Botellita de Jerez, como escritor.
Más allá de haber sido la Botella una de mis bandas favoritas, Armando uno de mis mejores entrevistados, sucedió que alguna veztomé un taller de cuento con él. Armando, para quienes no lo sepan, no se distingue por ser un músico singular, un antropólogo de profesión y un cineasta prometedor, sino además un poeta descomuncal y gran narrador. Además de su columna Diario íntimo de un guacarróquer en La Mosca, ha escrito varios libros, algunos de los cuales han sido premios nacionales de literatura.
Él es el inventor deltérmino Guarrorror, que se refiere al horror guarro y con el cual creó el célebre performance El que se susurra en la oscuridad, en homenaje a Lovecraft. Con Armando experimenté el género guarrorror mientras fui su tallerista y el resultado es este cuento que a H. Pascal, mi gran sensei, no le gustó, pero que recién me encontré y decidí desempolvar. La verdad no es una gran historia, pero creo quedivierte.
Nadie como Vega-Gil para desarollar guarrorror.
Con gran afecto, para mi amigo.

El niño lobo de secundaria técnica

“¿Hombre lobo?” Cheto casi se atraganta con la torta de jamón; peló tamaños ojotes cuando su esófago se contrajo dentro de sí como una víbora empachada.
Una vez deglutido el bolo alimenticio, murmuró un reprobatorio: “tas bien pacheco”.
Bulmaro, en respuesta, rechinólos dientes y apuró el último trago de boing de cereza.
Sonó la campana, anunciando el siguiente round entre profes y alumnos: “Chale, pa’ qué te cuento las cosas. Mira güey, mi hermano se peló al más allá ¿Por qué crees que falté cerquita de una semana? Ya está tieso el ojete. Cuando mis papás despertaron, lo hallaron con los ojos vueltos hacia dentro y los brazos en posición de llave de cruz.Sin sangre, sin vísceras chismosas escurriendo del pecho. Y eso que cuando lo descuartizaba, no dejé reconocible ni una parte de su cuerpo”.
Ambos se dirigieron a la formación, bajo el apendejante sol, en el corazón del patio de la secu número 666.
-Ese cabrón no me volverá a molestar –asentó convencido Bulmaro.
-¿Te cae que si se puede hacer eso que dices? ¿Neto tienes un primo brujo que tepasó el tip? –volvió a preguntarle Cheto, formado detrás y tomando distancia en el hombro de su compañero.
Las infantiles cucarachas con suéteres atados a la cintura marcharon como monos lobotomizados rumbo a las (j)aulas.
Vinieron literatura española, matemáticas, música, educación física... chicharrones con harto chile a la salida, un fajecito de campeonato con “La China” Escamilla y larespectiva madriza de “Tuti”, el novio de la chamaca, en el parque.
Sin embargo, Cheto no hacía sino darle vueltas a un asunto: poner en marcha el secreto que Bulmaro le había confiado.
Llegó a su casa. Mientras comía se percató que su madre escondía un ojo reventado debajo de sus lentes oscuros.
-¡Otra vez te pegó ese hijo de la chingada! –explotó.
De un manotazo tiró la sopa de fideos al sueloy escupió los tallarines que había empezado a masticar.
-No hables así de Rutilio pinche chamaco insolente, mira que es tu padre.
-Qué a va ser mi papá ese puto abusivo, mi jefe está en el cielo.
-Cállate, que el pan que te comes lo trae Rutilio y no un cadáver que camina.
-No mames, jefa.
Ya en su cuarto, con un chorro de lágrimas aflojándole los mocos, Cheto no tuvo duda que al anochecerseguiría las instrucciones de su valedor al pie de la letra: “Aguantas la respiración y dejas de parpadear un minuto antes de la medianoche, o sea, a las once cincuenta y nueve. Luego, con la campanada, respiras y parpadeas a lo bestia hasta que sientas que te duermes”, dijo éste en el recreo y Cheto lo puso en práctica, debajo de las cobijas. Cuando se levantó era aún de noche.
Había luna...
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