Antologia hispanoamericana

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Selección de cuentos del libro La merienda de las niñas (Cuadernos del Vigía, Granada, 2008)

Insomnio En las fases de sueño ligero, la Bella Durmiente rememora una y otra vez a Calderón. Su último libro ha cautivado a todas las doncellas de la Corte. Se reparten los papeles y leen en voz alta en sus aposentos y junto al lago, acompañándose en ocasiones con una lira. Discuten porque todasquieren ser Rosaura, cegadas ante su rebeldía: ponen la voz grave y arrugan las cejas, declamando hasta la extenuación; hincan las rodillas en el suelo, golpean las paredes y corren de un lado a otro apretándose el pecho con las manos. “Es como Juana de Arco, pero sin careto de gabacha reprimida”, se dicen, y hacen que los peines son espadas y las cortinas el bosque. La Bella Durmiente, en cambio,nunca quiere ser Rosaura, aun apreciando su brío y su desenfado sexual. Se pide siempre el papel de Segismundo. “Belli, tía, pero si es un segregado avocado al crimen”. Pero ella se va al centro del salón, fija los ojos en el horizonte y comienza su parlamento. Le han dicho que cada vez le salen los ay y los mísero de mí más logrados, como si le salieran de más hondo de la garganta. “Belli, tienes quepedirle a tu padre que traiga a Pedro al palacio”, le dicen entre suspiros. “Tan guerrero y tan temeroso de dios, tan poeta y al mismo tiempo tan hombre...” La Bella Durmiente se despide flojito, como si el corazón le pesara, y vuelve a su cama de cristal en la última almena. Se cepilla el pelo, que tiende concienzudamente en la almohada, y se colorea los labios, que deja entreabiertos y un pocosalientes. Piensa que después de tantos años esperándolo, cuando el príncipe llegue no se limitará a un besito, pues empiezan a dolerle las rodillas de tenerlas siempre juntitas; así que últimamente también se afloja el corpiño y deja una pantorrilla descubierta. Entonces piensa en Segismundo, en que ella es cada vez menos hermosa, en
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que toda la vida es sueño y los sueños sueños son, yasí, poco a poco, se queda dormida.

Café aguado La sirena siempre me espera con el café recién hecho. Dice que la cama es demasiado dura y que se levanta todas las mañanas con unos dolores terribles en la cola. Con ella en casa la calefacción no hace ningún efecto: hay mucha humedad y tengo frío todo el día. Pero no me quejo. Avanzada la tarde la llevo a la playa en una silla de ruedas, tapándolacon una manta de cintura para abajo. Cuando llegamos dejo la silla unida a una farola por una cadena, cojo a la sirena en brazos y la llevo hasta la orilla. Me pongo en cuclillas a su lado y la aviso cuando no mira nadie. Entonces ella me da la manta y se zambulle. Con la aleta me salpica. Yo permanezco ahí mirando hacia atrás de vez en cuando, vigilando la silla. Al cabo de unas dos horas veo eldestello de las escamas al fondo, entonces me levanto y la espero con una toalla en una mano y la manta en la otra. A veces se olvida de quitarse la camiseta y al salir del agua la tiene pegada a los pechos, asfixiando los pezones. Se desploma en mis brazos colorada y jadeando, la siento en la silla, se duerme en el camino. Tiene tanto miedo. De pequeña la confundieron con una merluza y le clavaronun arpón. La rescaté, sé que me quiere. Le voy a comprar una cama de agua.

Ancas de rana Mi hermanita es alta y fibrosa, con los huesos de la cadera pronunciados bajo la piel. Se apuntó hace un año a clases de gimnasia

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rítmica y dejó de ser saltimbanqui para ser acróbata, cambió la alfombra del salón por una colchoneta azul. Yo solía llevarla y recogerla del gimnasio. A la ida ibasilenciosa y prudente, asegurándose a cada escaparate de que la coleta que le había hecho mamá seguía en su sitio. “A ver, nena, ven aquí un segundo, que parece que una horquilla no está bien puesta”, le decía. Ella se palpaba toda la cabeza con sus manos como cojincitos, se me acercaba preocupada y yo le frotaba el pelo y le metía los dedos entre los mechones. “¡Idiota, idiota!”, berreaba con su...
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