Asass

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  • Publicado : 26 de agosto de 2012
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Inventario








El Conejo estaba sentado frente a la recepcionista pensando en un cuento de Julio. Al final de un discurso una mesa cobraba vida una vez acabada la ceremonia. Entonces miraba divertido la mesa de la recepción.

El olor siempre a limpio de la “oficina” te pulía las narices hasta los pulmones, como el cloro cuando se hace aseo. Era como ir a la montaña, y le recordabaesos comerciales de limpia pisos con olor a lavanda. Y mientras seguía ahí, en esa enorme silla de acusado con las manos entre las piernas, como el que tiene frío, veía como la señorita de la recepción movía papeles para allá y acá.
Esta es la oficina, el limbo, paso a la perdición, pensaba mientras sentía que en cualquier minuto se abriría la puerta desde donde saldría una bestia enorme llamada“el director”. Pensaba en el libro1984 de Orwell, lo había tenido que leer para una prueba de Castellano. Entonces su mente citaba “te vigila”, el Gran Hermano te vigila... algunas veces le costaba trabajo leer libros con tantas paginas, o con letra muy chica. Otras veces le contaban sus compañeros las historias de las lecturas complementarías. El día anterior lo había pasado con la Daniela y elDaniel. Habían papas fritas con vodka naranja en la casa del Daniel (que en realidad era un cuarto amplio y un baño). Había semanas en las que podían estar todo el día encerrados tomando, fumando y escuchando música, y entonces las tardes se volvían raras, de un naranjo eterno y un aire quieto que sí daba la impresión de detener el tiempo, ralentizarlo, apagarlo de a poco.
Pero lo otro aquí era eldirector que volvía, que gozaba de todas las cualidades del Gran Hermano, dictador omnipresente. Era la forma de castigar en el colegio. La espera interminable sentado en la recepción de la oficina. El dolor del estomago revolviéndose.
Todo esto se venia a la mente del Conejo en igualdad de condiciones, ahora buscando empleo, en una oficina mas bien parecida a edificio de empleados públicos. Ellugar tenía un color crema desteñido en las paredes desde arriba donde comenzaba el techo, y en algunas partes con papel mural colgando, tal como uno al deshojarse, debe ser el calor pensó un poco mareado de tanto recuerdo del colegio; desde el otro lado estaba el chiquillo castigado, pero se sentía igual. y a lo mejor todo esto de buscar empleo era buena idea. Además que la secretaria no estabanada mal, bien valía la pena, pero no regalaba ningún encuentro visual. De pelo negro liso y una hermosa cara de muñeca, podía el Conejo imaginar a la lejanía desde su puesto muchas cosas acerca de ella, su nombre tal vez... se llamaría Pamela quizás, Alejandra, en su departamento de soltera luego del laburo, pero a veces la preferencia de la imaginación lo llevaba a caminos inexplorados de aromas.Bien podría sentir desde ahí un olor a frutas, a colonia de guagua, a perfume barato. Buscaba olfateando en diferentes direcciones como sí llegase el olor por pasadizos o carreteras. Viajando a lo lejos en busca de narices sensibles, en su imaginación, a veces tan apagada.
Lo nombró con su voz que ahora le parecía sexy, al principio era un tanto autoritaria, demoró un poco en contestar, y ahora sedaba cuenta de que no era el único en la sala de espera, no era el único castigado.
Ella lo miró un tanto despectiva de pies a cabeza mientras con un dedo le señalaba la puerta azul, avanzó y vio que otro venia de salida, se hizo a un lado para que pasara. Venia de traje y corbata, muy bien peinado al contrario de él que traía encima una polera de los Ramones con jeans gastados y ajustados.Pero había tenido el cuidado de amarrarse el pelo por aquellos días azul, hizo el gesto de pasarse la mano por detrás de la oreja para arreglarse los mechones que le colgaban igual mientras entraba en la habitación. luego se puso las manos en los bolsillos atrás del blue jeans y se acercó de a poco al escritorio. un hombre de camisa blanca y bigotes frondosos se secaba el sudor con un pañuelo...
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