Aspectos psicologicos de muerte subita

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17. Aspectos psicológicos implicados en la muerte súbita. Funciones de las asociaciones
P. Villegas Resa
Presidenta de la asociación de padres APMSLM (Asociación para la Prevención de la Muerte Súbita del Lactante en Madrid)

Cualquier pérdida de un ser querido produce sufrimiento y dolor, pero la muerte de un hijo es la más difícil de asumir. Va contra natura. Es natural perder a nuestrospadres, pero a un hijo... No obstante, si hay una enfermedad previa, los padres, de algún modo, se preparan para el fatal desenlace. Si ha sido un accidente, al menos hay una causa. El problema que presenta la muerte súbita es que, ante lo imprevisible del suceso, los padres no lo pueden comprender. Hace treinta años no se planificaba la natalidad. Por cuestiones religiosas o sociales, era normaltener hijos sin necesidad de planificarlos. Igualmente era demasiado habitual el fallecimiento de bebés o de las madres en el parto. Enfermedades que hoy se solucionan con medicamentos o con una sencilla intervención quirúrgica, eran mortales y se aceptaban como inevitables. Nadie se cuestionaba si hubiera sido posible evitarlo. Quizá por las difíciles condiciones sociales había otros problemas querequerían ser atendidos día a día y la muerte se asumía de una forma mucho más natural. Cuando falleció mi hijo Pablo, una señora de mi pueblo natal me llamó para darme ánimos y, a pesar de la estrecha relación familiar que teníamos, yo desconocía que

había perdido a sus dos primeros hijos. He pensado en muchas ocasiones en sus palabras: «Cuando perdí al primero, con dos meses, lloré muchoviendo su cuna vacía, pero en casi todas las familias se había muerto algún hijo. Cuando perdí al segundo, con cuatro meses, después de unas fiebres, pensé que Dios no quería que yo tuviera hijos y me consolé. Cuando tuve el tercero y creció sano, “olvidé” a mis hijos muertos. Sin embargo ahora que tengo nietos pienso constantemente en ellos y en si de alguna forma hubiéramos podido evitar susmuertes. Antes nos tomábamos las cosas de otra forma. Es ahora, después de treinta y cinco años, cuando me siento culpable y me atormenta desconocer la causa. Es ahora cuando pienso en qué les podía haber pasado a mis otros dos hijos o puede pasarle a mis nietos. Yo me consolaba pensando que antes no había tantos adelantos como hoy, por eso me he quedado de piedra al saber lo de tu hijo. Imagino cómodebes estar porque si me hubiese pasado ahora, o le pasara a mis hijos, me volvería loca». Efectivamente, hoy, la decisión de tener o no un hijo es muy meditada y cuando decidimos tenerlo nos preparamos física y psíquicamente para ello. De acuerdo con nuestras posibilidades, intentamos cambiar a una vivienda con el espa-

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cio suficiente y más adecuada; cambiamos a un vehículo más seguro;acomodamos nuestros trabajos para asegurarnos el tiempo suficiente de cuidar a nuestro bebé, solicitamos reducciones de jornada o incluso cambiamos de trabajo; nos realizamos pruebas médicas previas para evitar problemas, comenzamos a llevar una vida lo más sana posible... Desde el momento en que tomamos la decisión de ser padres, todo acto que realizamos está condicionado por el futuro y deseadobebé. Los padres, ilusionados, comenzamos a tomar las primeras decisiones respecto al bebé teniendo ya en cuenta cosas como el tipo de educación que deseamos; o escogiendo el nombre con el mayor cuidado, teniendo en cuenta, incluso, la concordancia con los apellidos para evitar juegos de palabras o burlas en el colegio. Nos intentamos anticipar a todas las situaciones que se le puedan plantear anuestro hijo a lo largo de su vida, para actuar lo mejor posible en cada momento. El bebé nace, todo ha salido perfectamente. Nuestro hijo se desarrolla completamente sano. Ya se han cumplido los primeros proyectos y las primeras ilusiones generando muchas más. Pero de pronto, cuando sentimos que nuestro hijo ya nos reconoce y nos regala con sus primeras sonrisas, cuando se acabaron los «cólicos...
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