Benzulul

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  • Publicado : 23 de agosto de 2012
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Contraportada Conjuremos, poniendo la mano derecha sobre este ejemplar de Benzulul, a los dioses nombrados e innombrados que habitan en la selva de Chiapas, en sus frías alturas de la sierra de Pantepec, en las cenizas que arrojó el Chichonal, en la ceiba de Chiapa de Corzo, en el horno tropical de su costa, en el espejo de sus lagos naturales o artificiales en los que alguna vez se miróMargarita Bonampak, en sus aguas corrientes, parcas o caudalosas, en la madera de hormiguillo con que se fabrican las marimbas, en las milpas de su rica región de la Frailesca, a que sacudan su marasmo de siglos, se hagan presentes nuevamente y envíen castigos terribles, como los del Dios del Antiguo Testamento, a los ladinos que detentan la tierra y el comercio, a las compañías nacionales ytrasnacionales que talan la selva, a los buscadores de petróleo, a los misioneros rubios que ocultan filiaciones sospechosas y, en fin, a todas las fuerzas de los hombres capaces de transformar un país hermoso en zona de desastre. Y a que ejecuten su labor sin tardanza, mientras aún no se agota la arena de nuestro reloj. Y, aprovechando el viaje, que permitan a Eraclio Zepeda, el escritor, el trotamundos, elactor, el poeta, el conversador inimitable que a veces, en su plática, hacía aparecer cuentos ya casi estructurados literariamente, como aquel del indio que era tan negro que tenían que marcarle con un gis el lugar donde ponerle un enema, seguir escribiendo narraciones como las reunidas en este volumen.

INDICE
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Benzulul .....................................................................4 El Caguamo ............................................................... 17 Viento ......................................................................... 31 El Mudo....................................................................... 45 Quien dice verdad. ..................................................... 56 La Cañada del Principio.............................................. 62Patrocinio Tipá ........................................................... 71 No se asombre, sargento............................................ 82

BENZULUL

Mientras avanzaba por la vereda, una parte de su cuerpo se iba quedando en las marcas de sus huellas. Podría haberse quedado ciego de pronto (por una brujería de la nana Porfiria, o por un mal aire, o por el vuelo maligno de una mariposanegra), y a pesar de ello, seguir el camino hasta el pueblo sin extraviarse. No había una hiedra que no conociera; ni el pino 3

quemado y roto por la piedra del rayo, ni el nido de la nauyaca, habían escapado al encuentro de sus ojos. El estar caminando era su vida. Juan Rodríguez Benzulul conocía de memoria todos estos rumbos. Veintidós años de marcar los pasos en esta vereda; dejar su seña enel polvo o en el lodo, según la época. -Cuando asomó el gobierno pa’ dar las tierras ya, cuanto hay, entendía yo de veredas. Cuando, en después, las volvieron a quitar, ya no había quien supiera más que yo. No había cerro, no había cerco, potrero, milpa o llano, que no tomara, en el recuerdo de Benzulul, la forma de un suceso. En estos lomeríos hay de todo. Todo es testigo de algo. Desde que yoera de este tamaño, ya eran sabidos de ocurrencias estos lados. La misma caminata. Siempre el mismo rumbo. De Tenejapa al aserradero, del aserradero para Tenejapa. Las mismas señas. Los mismos pinos. En este árbol colgaron al Martín Tzotzoc para que no le fuera a comer el ansia, y empezara a contar cómo fue que los Salvatierra se robaron aquel torote grande, semental fino, propiedad del ejido. Esteárbol, sí, este mismo, fue el final de Martín Tzotzoc. El camino lo ve todo lo que pasa. Y el que vive en el camino sabe mucho. Yo averiguo cada huella, cada casa, cada bestia, cada muerte. Eso sí, por nada Platico lo que encuentro. Es de mucho peligro. Capaz quedo en algún roble Igual que un judas, pa’ alegración de los zopilotes. El Martín Tzotzoc tuvo mala suerte. ¡Si no va a ser mala suerte...
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