Biografias

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Autobiografía de Tomas Carrasquilla

Este servidor de vosotros nació, ha más de once lustros sin que hubiera anunciado el grande acontecimiento ningún signo misterioso ni en el cielo ni en la tierra. Fue ello en Santodomingo, un población encaramado en unos riscos de Antioquia. Según unos, se parece a un nido de águila; según otros, a un taburete. Opto por el asiento. En todo caso, es un pueblode tres efes, como dicen allá mismo: feo, frío y faldudo.
Mis padres eran entre pobres y acaudalados, entre labriegos y señorones y más blancos que el Rey de las Españas, al decir de mis cuatro abuelos. Todos ellos eran gentes patriarcales., muy temerosas de Dios y muy buenos vecinos.
Como querían que fuera doctor y lumbrera, me pusieron, desde chico hasta grande, en cuanto colegio hubo poresas cordilleras. ¡Pobres viejos!
Fue mi primer maestro "El Tullido", por antonomasia, protagonista, luego, de algún cuento mío. 
Parece que esos mis primeros pasos en la carrera de la sabiduría me imprimieron carácter desde entonces, porque en ninguna parte aprendí nada. La indolencia, la pereza y algo más de los pecados capitales, a quienes siempre he rendido ardiente culto, no me dejaban tiempopara estudiar cosa alguna ni hacer nada en formalidad. Mas, por allá en esas Batuecas de Dios, a falta de otra cosa peor en qué ocuparse, se lee muchísimo. En casa de mis padres, en casa de mis allegados, había no pocos libros y bastantes lectores. Pues ahí me tenéis a mí, libro en mano a toda hora, en la quietud aldeana de mi casa. Seguí leyendo y creo que en el hoyo donde me entierren habré deleerme la biblioteca de la muerte, donde debe estar concentrada la esencia toda del saber hondo. He leído de cuanto hay, bueno y malo, sagrado y profano, lícito y prohibido, sin método, sin plan ni objetivos determinados, por puro pasatiempo. De aquí que sea casi tan ignorante como el tullido consabido. Lo que tengo en la cabeza es un matalotaje caótico de hojarasca, viruta y cucarachas. Cualquier día me dio por escribir, sin intención de publicar; y ahí emborronaba mis cuartillas, lo mismo que ahora o menos mal, acaso; pues creo que en vez de adelantar retrocedo en el tal embeleco literario. A nadie le contaba de mis escribanías. Ni siquiera a mi familia. Pero como la gente todo lo husmea y el diablo todo lo añasca, el día menos pensado recibí una nota por la cual se me nombraba miembrode un centro literario que dirigía en Medellín Carlos E. Restrepo en persona. Acepté la galantería, y como fuera obligación, une qua non, producir algo para ese círculo, farfullé Simón el Mago, para los socios solamente, según rezaba el reglamento. Pero Carióse, que desde mozo la ha puesto muy cansona y por lo alto, determinó modificar la constitución y echar libro de todas nuestras literaturas.Acepta-dísima fue por el publiquito antioqueño la miscelánea aquella. Allí salió mi relato, con seudónimo, por supuesto. 
¡Y malón fue el que yo me levanté con todo y anagrama! ... Por eso descubrieron quién era el incógnito principiante.
Tratábase una noche en dicho centro de si había o no había en Antioquia materia novelable. Todos opinaron que no, menos Carióse y el suscrito. Con tanto calorsostuvimos el parecer, que todos se pasaron a nuestro partido; todos a una diputamos al propio presidente como el llamado para el asunto. Pero Carióse resolvió que no era él sino yo. Yo le obedecí, porque hay gentes que nacen para mandar.
Una vez en la quietud arcadiana de mi parroquia, mientras los aguaceros se desataban y la tormenta repercutía, escribí un mamotreto, allá en las reconditeces demi cuartucho. No pensé tampoco en publicarlo: quería probar, solamente, que puede hacerse novela sobre el terna más vulgar y cotidiano.
El manuscrito fue leído por gentes competentes, que lo encontraron bien. De él se publicaron varios fragmentos. Constreñido luego por amigos y parientes, resolví sacarlo a la calle, en la seguridad de que nadie lo leería y de que echaba al río el valor de la...
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