Celestina

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  • Publicado : 8 de febrero de 2011
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Tragicomedia de Calisto y Melibea
Nuevamente revisada y enmendada con adición de los argumentos de cada un acto en principio, la cual contiene, demás de su agradable estilo, muchas sentencias filosofales y avisos muy necesarios para mancebos, mostrándoles los engaños que están encerrados en sirvientes y alcahuetas.

El autor a un su amigo
Suelen los que de sus tierras ausentes se hallanconsiderar de qué cosa aquel lugar de donde parten mayor inopia o falta padezca, para con la tal servir a los conterráneos de quien en algún tiempo beneficio recibido tienen; y, viendo que legítima obligación a investigar lo semejante me compelía para pagar las muchas mercedes de vuestra libre liberalidad recibidas, asaz veces retraído en mi cámara, acostado sobre mi propia mano, echando mis sentidospor ventores y mi juicio a volar, me venía a la memoria, no sólo la necesidad que nuestra común patria tiene de la presente obra, por la muchedumbre de galanes y enamorados mancebos que posee, pero aun en particular vuestra misma persona, cuya juventud de amor ser presa se me representa haber visto y de él cruelmente lastimada, a causa de le faltar defensivas armas para resistir sus fuegos, lascuales hallé esculpidas en estos papeles, no fabricadas en las grandes herrerías de Milán, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas. Y como mirase su primor, sutil artificio, su fuerte y claro metal, su modo y manera de labor, su estilo elegante, jamás en nuestra castellana lengua visto ni oído, leilo tres o cuatro veces. Y tantas cuantas más lo leía, tanta más necesidad meponía de releerlo, y tanto más me agradaba, y en su proceso nuevas sentencias sentía. Vi no sólo ser dulce en su principal historia o ficción toda junta, pero aun de algunas de sus particularidades salían deleitables fontecicas de filosofía, de otras agradables donaires, de otras avisos y consejos contra lisonjeros y malos sirvientes y falsas mujeres hechiceras. Vi que no tenía su firma del autor,el cual, según algunos dicen, fue Juan de Mena, y, según otros, Rodrigo Cota; pero, quienquiera que fuese, es digno de recordable memoria por la sutil invención, por la gran copia de sentencias entregeridas, que so color de donaires tiene. ¡Gran filósofo era! Y, pues él, con temor de detractores y nocibles lenguas, más aparejadas a reprehender que a saber inventar, quiso celar y encubrir sunombre, no me culpéis, si en el fin bajo que lo pongo, no expresare el mío. Mayormente que siendo jurista yo, aunque obra discreta, es ajena de mi facultad y quien lo supiese diría que no por recreación de mi principal estudio, del cual yo más me precio, como es la verdad, lo hiciese, antes distraído de los derechos, en esta nueva labor me entremetiese. Pero aunque no acierten, sería pago de mi osadía.Asimismo, pensarían que no quince días de unas vacaciones, mientras mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuviese, como es lo cierto; pero aun más tiempo y menos acepto. Para disculpa de lo cual todo, no sólo a vos, pero a cuantos lo leyeren, ofrezco los siguientes metros. Y por que conozcáis dónde comienzan mis mal doladas razones, acordé que todo lo del antiguo autor fuese sin división enun acto o escena incluso, hasta el segundo acto, donde dice «Hermanos míos, etc.». Vale. 
 
El autor, excusándose de su yerro en esta obra que escribió, contra sí arguye y compara
El silencio escuda y suele encubrir
la falta de ingenio y torpeza de lenguas;
blasón que es contrario, publica sus menguas
a quien mucho habla sin mucho sentir,
como hormiga que deja de ir
holgando por tierra,con la provisión,
jactose con alas de su perdición;
lleváronla en alto, no sabe dónde ir.
Prosigue
El aire gozando ajeno y extraño,
rapiña es ya hecha de aves que vuelan,
fuertes más que ella, por cebo la llevan;
en las nuevas alas estaba su daño.
Razón es que aplique a mi pluma este engaño,
no despreciando a los que me arguyen,
así, que a mí mismo mis alas destruyen,
nublosas y flacas,...
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