Como una novela

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COMO UNA
Daniel Pennac
Como una novela
Traducción de Joaquín Jordá

EDITORIAL ANAGRAMA - BARCELONA

Título de la edición original: Comme un roman
@ Éditions Gallimard París, 1992
Primera edición: abril 1993
ISBN: 84-339-1367-0
Printed in Spain
Para Franklin Rist,
gran lector de novelas
y novelesco lector.

A la memoria de mi padre,
y en el recuerdo cotidiano
de Frank Vlieghe.I. Nacimiento del alquimista 6
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II. Hay que leer (el dogma) 34
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III. Dar de leer 55
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IV. El Cómo se leer (o los derechos imprescriptibles del lector) 76
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I. Nacimiento del alquimista

1

El verbo leer nosoporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo «amar»..., el verbo «soñar»...
Claro que siempre se puede intentar. Adelante: «¡Ámame!» «¡Sueña!» «¡Lee!» «¡Lee! ¡Pero lee de una vez, te ordeno que leas, caramba!»
-¡Sube a tu cuarto y lee!
¿Resultado?
Ninguno.
Se ha dormido sobre el libro. La ventana, de repente, se le ha antojado inmensamente abierta sobre algo deseable. Yes por ahí por donde ha huido para escapar al libro. Pero es un sueño vigilante: el libro sigue abierto delante de él. Por poco que abramos la puerta de su habitación le encontraremos sentado ante su mesa, formalmente ocupado en leer. Aunque hayamos subido a hurtadillas, desde la superficie de su sueño nos habrá oído llegar.
-¿Qué, te gusta?
No nos dirá que no, sería un delito de lesa majestad.El libro es sagrado, ¿cómo es posible que a uno no le guste leer? No, nos dirá que las descripciones son demasiado largas.
Tranquilizados, volveremos a la tele. Es posible incluso que esta reflexión suscite un apasionante debate colectivo...
-Las descripciones le parecen demasiado largas. Hay que entenderlo, desde luego estamos en el siglo de lo audiovisual, los novelistas del XIX tenían quedescribirlo todo...
-¡Eso no es motivo para dejarle saltarse la mitad de las páginas!
No nos cansemos, ha vuelto a dormirse.

2

Mucho más inconcebible, esta aversión por la lectura, si pertenecemos a una generación, a una época, a un medio, a una familia en los que la tendencia era más bien la de impedirnos leer.
-¡Venga, deja de leer, que te vas a quedar sin vista!
-Más vale que salgas ajugar, hace un tiempo estupendo.
- ¡Apaga la luz! ¡Es tarde!
Sí, siempre hacía demasiado buen tiempo para leer, y de noche estaba demasiado oscuro.
Fijémonos en que se trata de leer o no leer, el verbo ya era conjugado en imperativo. En el pasado ocurría lo mismo. De manera que leer era entonces un acto subversivo. Al descubrimiento de la novela se añadía la excitación de la desobedienciafamiliar. ¡Doble esplendor! ¡Oh, el recuerdo de aquellas horas de lecturas clandestinas debajo de las mantas a la luz de la linterna eléctrica! ¡Qué veloz galopaba Ana Karenina hacia su Vronski a aquellas horas de la noche! ¡Ya era hermoso que aquellos dos se amaran, pero que se amaran en contra de la prohibición de leer todavía era más hermoso! Se amaban en contra de papá y mamá, se amaban en contradel deber de mates por terminar, en contra de la «redacción» que entregar, en contra de la habitación por ordenar, se amaban en lugar de sentarse a la mesa, se amaban antes del postre, se preferían al partido de fútbol y a la búsqueda de setas..., se habían elegido y se preferían a todo... ¡Dios mío, qué gran amor!
Y qué corta era la novela.

3

Seamos justos: no se nos ocurrió inmediatamente...
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