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  • Publicado : 26 de agosto de 2012
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Prólogo
Las tupidas pestañas de Frankie Stein se separaron con un aleteo. Una potente luz blanquecina centelleaba ante sus ojos mientras se esforzaba por enfocar la mirada, pero los párpados le pesaban demasiado como para terminar de abrirlos. La estancia se oscureció.
—La corteza cerebral se ha cargado —anunció un hombre cuya voz profunda denotaba una mezcla de agotamiento y satisfacción.—¿Puede oírnos? —preguntó una mujer.
—Puede oírnos, vernos, entendernos e identificar más de cuatrocientos objetos —repuso él, exultante—.
Si seguimos introduciendo información en su cerebro, dentro de dos semanas tendrá la inteligencia y las aptitudes físicas de una típica quinceañera —hizo una pausa—. De acuerdo, puede que un poco más lista de lo normal. Pero tendrá quince años.
—Ay, Viktor, es elmomento más feliz de mi vida
—la mujer ahogó un sollozo—. Es perfecta.
—Lo sé —él también ahogó un sollozo—. La niñita perfecta de papá.
MONSTER HIGH
Uno detrás del otro, besaron a Frankie en la frente. Él olía a productos químicos; ella, a flores frescas. Juntos, despedían un aroma a ternura.Frankie trató de abrir los ojos de nuevo. Esta vez, apenas pudo parpadear.
—¡Ha pestañeado!—exclamó la mujer—. ¡Intenta mirarnos! Frankie, soy Viveka, soy mamá. ¿Puedes verme?
—No, no puede —respondió Viktor.El cuerpo de Frankie se tensó al escuchar aquellas palabras. ¿Cómo era posible que alguien diferente determinara de qué era ella capaz? Carecía de sentido.
—¿Por qué no? —preguntó su madre, al parecer por las dos.
—La batería está a punto de agotarse. Necesita una recarga.
—¡Puesrecárgala!
«¡Sí, recárgame! ¡Recárgame! ¡Recárgame!».Más que nada, Frankie deseaba contemplar aquellos cuatrocientos objetos. Quería examinar los rostros de sus padres mientras éstos los iban describiendo con sus voces amables. Deseaba cobrar vida y explorar el mundo al que acababa de nacer. Pero no podía moverse.
—No puedo recargarla hasta que los tornillos acaben de fijarse —explicó su padre.Vivekaempezó a llorar; sus débiles sollozos ya no eran de alegría.
—Tranquila, cariño —musitó Viktor—. Unas cuantas horas más y se habrá estabilizado por completo.
—No es por eso —Viveka inspiró con fuerza.
—Entonces, ¿por qué?
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LISI HARRISON
—Es tan hermosa, con tanto potencial y… —sollozó otra vez—. Me parte el corazón que tenga que vivir…, ya sabes…,como nosotros.
—¿Y qué tiene de malo? —replicó él. Aunque algo en su voz daba a entender que conocía la respuesta.Viveka soltó una risita.
—Estás de broma, ¿no?
—Viv, las cosas no van a seguir así eternamente —declaró Viktor—. Los tiempos cambiarán. Ya lo verás.
—¿Cómo? ¿Quién va a cambiarlos?
—No lo sé. Alguien lo hará… por fin.
—Bueno, pues confío en que sigamos estando aquí para verlo—repuso ella con un suspiro.
—Estaremos —le aseguró Viktor—. Nosotros, los Stein, solemos vivir muchos años.Viveka se rió con suavidad.Frankie se moría de ganas de saber qué tenía que cambiar de aquellos «tiempos». Pero formular la pregunta resultaba impensable, ya que su batería se había agotado casi por completo. Con una sensación de lige­reza y, al mismo tiempo, de increíble pesadez, Frankie fuesumiéndose en la oscuridad y acabó por instalarse en un lugar desde donde ya no oía a quienes la rodeaban. No podía escuchar la conversación de sus padres ni percibir el olor a flores y a sustancias químicas de sus respectivos cuellos.
A Frankie sólo le quedaba confiar en que, al despertar, eso por lo que Viveka quería «seguir estando aquí» se hubiera hecho realidad. Y que, de no ser así, la propiaFrankie tuviera la entereza necesaria para conseguírselo a su madre.
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Capítulo 1
Nuevos en el vecindario
El trayecto de catorce horas desde Beverly Hills (California) hasta Salem (Oregón) había sido un auténtico horror. El viaje por carretera estuvo impregnado desde el primer momento de un sentimiento de culpabilidad, y la tortura no cesó a...
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