Con el diablo d su parte

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  • Publicado : 9 de febrero de 2011
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CON EL DIABLO DE SU PARTE

Hernán Lara Zavala

Miriam ya había oído que las pacientes del doctor Martínez Nájera la habían visto después de dar a luz. Algunos pensaban que se trataba tan sólo del efecto del cloroformo, con lo que entonces se las anestesiaba, que lanzaba a las mujeres encintas al despeñadero de sí mismas y que las angustiaba en una prolongada caída llena de alucinaciones y deimágenes disparatadas. Había escuchado también el rumor que circulaba por el viejo Hospital Inglés que se encontraba en las calles de Mariano Escobedo, ahí donde está el Hotel Camino Real, y que entonces se consideraba casi en las afueras de la ciudad. Se lo había contado otra paciente, en la sala de espera del consultorio cuando se enteró de quién era su ginecólogo. "¿Cómo? ¿Te estás atendiendocon Martínez Nájera? ¿Y vas a dar a luz en el Hospital Inglés? Qué valiente". Y entonces le refirió aquello de que con Martínez Nájera había trabajado una enfermera de unos dieciocho años, de ojos color ámbar y de abundante cabello castaño que era conocida por su belleza y por el trato delicado que les daba a las pacientes al aplicar las inyecciones, al medir la presión, al quitar y poner lossueros. "Yo estaba medio adormecida cuando me dijo voltéese que la voy a inyectar, me puso la ampolleta y cuando me volví no lo pude creer. . ." Miriam le preguntó a otra de las enfermeras qué tanto había de cierto en lo que se rumoraba. Ella le contestó que alguna noche había escuchado un llanto en el sótano pero que no se había aventurado a bajar por temor a encontrársela aunque en realidad, queella supiera, nadie, salvo las que daban a luz y todas las clientes del doctor Martínez Nájera, porfiaba haberla visto. Pero el caso es que Miriam ni siquiera había sido anestesiada.
Fue un jueves del mes de febrero del 46. Miriam iba a ir con su marido a la Plaza México, recién inaugurada y que venía a sustituir el Toreo de la colonia Condesa, a ver lidiar a Manolete, cuando empezó a sentirlas primeras contracciones. Prefirió no ir a los toros y le cedió su codiciado boleto a Jorge, su cuñado, el marido de su hermana, que era un aficionado perdido. Como iba a dar a luz por primera vez en su vida y no sabía lo que le esperaba trató de estar lo más presentable: se bañó, se lavó el cabello, se puso loción por todo el cuerpo y se dispuso a esperar. Cuando Víctor, su marido, llegó felizde los toros luego de una estupenda faena, a la casa en las calles de Artes, en la colonia San Rafael, hicieron una pequeña maleta, y pasaron por la madre de Miriam, para que la acompañara. Fueron al hospital. Serían cerca de las nueve de la noche cuando llamaron al doctor Martínez Nájera. No estaba en casa, se había ido a una cena y regresaría tarde pero le darían el recado tan pronto volviera.El doctor de guardia auscultó a Miriam. No hay urgencia, dijo. Tanto Víctor como la señora, comentó refiriéndose a la madre Miriam, podían retirarse. El bebé nacería hasta el día siguiente. La calma y la paz que había conservado Miriam hasta entonces se empezó a perturbar. No te vayas, le pidió Miriam a Víctor. Vengo mañana temprano, le contestó él sin dar pie a mayor discusión. Mamá, ¿tú no tequedas? Pero como era otra época y otras costumbres, su esposo intervino: "una vez que nazca el bebé, por ahora es mejor, como recomendó el doctor, que trates de descansar".
Se cambió de ropa, la enfermera en turno le tomó los generales y antes de salir le dijo: si necesita cualquier cosa timbre por favor y vengo en seguida. Salió de la habitación y la dejó completamente sola. Entonces no habíatelevisión, ni interfón para comunicarse con las enfermeras. Miriam vio su habitación: sórdida, vieja, de techos altos, las paredes pintadas de color crema, con muchas puertas y todas muy altas: la que daba al pasillo, la que daba al Jardín, la que daba al baño, al estilo inglés, con perilla sólida y una placa de metal para enmarcarla Los pasillos del hospital eran estrechos, larguísimos: en una...
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