Constelaciones

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CONSTELACIONES
Christian Rodríguez Büchner

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Primera Edición octubre de 2011 Registro propiedad intelectual número 208909 Encuadernacion: Cecilia Ascencio Elgueta y Christian Rodríguez Büchner.

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Tania

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Puerto Saavedra 20 Javier y la Virgen 34 Lluvia de Barro 55 El Cielo y el Mar 64 Esta Tierra Helada 80

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-Sueños, que en realidad, no son más queambición. Shakespeare.

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Tania

El terminal marítimo de Puerto Montt era una gran planicie de cemento con no más de quince personas esperando el transbordador. No había nubes en el cielo y el atardecer se abalanzaba sobre el paisaje. Las caras reflejaban tedio y en algunos casos ansiedad, y el viento hacía flotar una bolsa plástica por entre los edificios. Normalmente a esa hora estabaen mi pieza sin hacer nada. Era el año 1985, aún era adolescente, no había hecho planes para el futuro y todavía me encontraba en un apacible limbo existencial. Mi familia había recibido una herencia inesperada y yo había decidido ocupar mi parte para recorrer la Patagonia chilena y argentina. Era una de esas tardes aburridas donde daba lo mismo estar dormido o despierto, uno de esos díashermosos que se olvidan apenas terminan. Cuando llegó el transbordador, tomé mis cosas y subí a la cabina. Allí los evangélicos se tomaron de las manos y le rogaron al Señor que usara todas sus fuerzas para que el barco no se hundiera. ¡Protege esta nave, Padre, y condúcela hasta su puerto! gritó el pastor, y las viejas murmuraron lo mismo con el rostro compungido. ¡Que el mar no nos trague, padremisericordioso! ¡Que lleguemos sanos y salvos a nuestro destino, Señor del cielo y la tierra!, decía cada vez más fuerte. ¡Tú, que nos das la vida y que dispones de ella, cuida de nuestras almas si nuestros cuerpos son devorados por el mar, señor Jesucristo!
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Viejas culiás, pensé; por qué chuchas no se van a gritar a otro lado. Me puse a hojear un diario y a tararear una melodía de Edvard Griegpara aislarme del ruido. Cada vez que recordaba esa melodía me imaginaba a mí mismo destruyendo un piano a hachazos, y las astillas golpeando mi cara. “Confederación de la Producción y el Comercio se Reúne con la Junta de Gobierno para Tratar Temas País” decía el titular de La Tercera. Me pregunté qué era un tema país, no supe dar ninguna respuesta coherente, así que fui directo a la sección dehumor. Esa tarde había estado caminando durante más de tres horas por Angelmó buscando algún regalo para llevarle a Tania, pero llegué a la conclusión de que ya debía tener suficientes pajaritos de madera y gallinitas de lana y al final no compré nada. Después estuve tres horas más sacando la vuelta y flotando entre el olor a pescado, la gente fea, las calles chicas, la mugre en las veredas y toda lainmundicia de esa ciudad de paso. Puerto Montt era (y sigue siendo) como ir al baño del Germán Becker, pero sumándole el olor a pescado muerto. Me prometí que jamás viviría en Puerto Montt, a menos que un terremoto echara abajo todas las demás ciudades de Chile, aunque en ese caso prefería mil veces irme a vivir al campo. Los evangélicos se tranquilizaron, ahora estaban sentados en silencio comola gente normal. Yo tenía sueño, mis piernas no daban más de tanto caminar; por la ventanilla el mar se veía tranquilo, brillante y sensual. Con esa vista, y sin proponérmelo, me quedé dormido. Cuando desperté ya era de noche. El transbordador se balanceaba de manera casi imperceptible, habían encendido las luces y los pasajeros estaban de pie conversando como si nunca durmieran en esos recorridos.Supe que no podría conciliar el sueño, así que me levanté para salir a ver el paisaje.

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No había nadie afuera, todo estaba quieto, el horizonte era inmenso y oscuro, y las estrellas se transformaban en líneas suaves sobre el agua. Apoyé mis codos sobre la baranda. Ya no había ninguna porción de tierra a la vista; estábamos en medio de la nada, lejos de todo indicio de fealdad. Una...
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