Constitucion 1991

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Articulo complementario:

La constitución de 1991 como proyecto inacabado.
ÓSCAR MEJÍA QUINTANA
Profesor Universidad Nacional de Colombia.

El presente ensayo pone en cuestión el carácter emancipatorio que ha pretendido *endilgársele (endosar o pasar a otro/a una responsabilidad que resultan pesados o molestos), a la Constitución de 1991 mostrando, desde el marco normativo de la filosofíapolítica y jurídica, sus debilidades e incongruencias. Igualmente, pone en evidencia las limitaciones que la Corte Constitucional tiene, en ese marco, para lograr una interpretación proyectiva de la Carta. Pese a ello, el escrito defiende el proyecto utópico que quiso simbolizar la Constitución, y propone concebirla como un proyecto inacabado que tiene que cerrarse, no en términos de un pacto deguerra –como las elites pretenden imponerlo–, sino como pacto de reconciliación y paz nacional. La Constitución de 1991 se nos ha presentado, no sin justas razones, como una Constitución progresista, antiformalista, el origen del nuevo derecho, de textura abierta, garantista, vanguardista, tanto por los derechos fundamentales que consagró, por la figura del Estado social de derecho que los respalday por el esquema de democracia participativa que propiciaba. Todos esos elementos le han servido, sobre todo al espíritu jurídico, para defender la idea de una Constitución altamente emancipatoria – los más optimistas incluso la definen como contrahegemónica–, sin duda el producto más acabado de la conciencia jurídica latinoamericana, que nuestros jurisconsultos, además, desprecian –a buena partedel resto de esa conciencia jurídica en América Latina– por considerar que Colombia es potencia jurídico-teórica en el continente. Obviamente, esa conciencia jurídica asume la Constitución como un producto acabado y le es indiferente el proceso previo que le dio origen. Preguntas sobre su legitimidad, el contexto político que la generó, las tensiones internas que se dieron a su interior, sonfactores que el jurisconsulto considera menores frente al resultado final que él no puede reconocer sino como bloque, sin consideración de fisuras, aristas o contradicciones previas.

Pero no es sólo por deformación profesional que se da esta hipóstasis del texto constitucional (Negri utiliza el término “hipóstasis jurídica” en un sentido idéntico) (Negri, 1994: 276) en el espíritu jurídicocolombiano. También hay que reconocer que en un país tan conservador como Colombia en sus estructuras jurídicopolíticas, la Constitución de 1991 permitió a una nueva generación de científicos sociales (incluidos, por supuesto, los profesionales del derecho) y, en general, de sectores progresistas, lograr por fin un instrumento de «oposición democrática» dentro del sistema que les posibilitara ampliarespacios y reivindicar expectativas económicas, sociales y políticas que el bipartidismo había cerrado desde su pacto excluyente en la década del 50 (Valencia, 1997). Pero fue el corazón y las ansias reprimidas de una Colombia mejor lo que no le permitieron, precisamente, a todos esos sectores tanto tiempo esperanzados en alguna salida que no fuera violenta –opción que la realidad también mostrabaimplausible– ver la trampa que se escondía tras la Constitución de 1991. Las elites colombianas (económicas, políticas e intelectuales), una vez más, habían logrado constitucionalizar la mentira y disfrazar su esquema histórico de dominación hegemónica con los ropajes seductores de un Estado social de derecho y una democracia participativa. Con esos anzuelos nos tragamos la carnada de un ordenamientoque, de hecho, era la constitucionalización política de la exclusión y que, en lo profundo de su texto, escondía la simiente de la guerra y la periferización y deslegitimación del conflicto. Es necesario comenzar por reconocer que la Constitución de 1991 no cumplió la principal expectativa para la que fue convocada: el logro de la paz y, a través de ella, la garantía de la vida. Y, sin duda,...
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