Corazon de tinta

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CORAZN DE TINTA
Cornelia Funke

2003, Tinterherz
Traduccin: Rosa Pilar Blanco

Un extrao en la noche

La luna brillaba en el ojo del caballo balancn y en el ojo del ratn cuando Tolly lo sac de debajo de la almohada para contemplarlo. El reloj haca tictac, y en medio del silencio l crey or unos piececitos descalzos corriendo por el suelo, luego risas contenidas y cuchicheos y un sonidocomo si estuvieran pasando las pginas de un libro grande.
Lucy M. Boston,
The Children of Green Knowe

Aquella noche llova. Era una lluvia fina, murmuradora. Incluso aos y aos despus, a Meggie le bastaba cerrar los ojos para or sus dedos diminutos tamborileando contra el cristal. En algn lugar de la oscuridad ladraba un perro y Meggie no poda conciliar el sueo, por ms vueltas que diera en lacama.
Guardaba debajo de la almohada el libro que haba estado leyendo. La tapa presionaba su oreja, como si quisiera volver a atraparla entre las pginas impresas.
--Vaya, seguro que es comodsimo tener una cosa tan angulosa y dura debajo de la cabeza -le dijo su padre la primera vez que descubri un libro debajo de su almohada-. Admtelo, por las noches te susurra su historia al odo.
--A veces-contest Meggie-. Pero slo funciona con los nios pequeos. -Como premio Mo le pellizc la nariz.
Mo. Meggie siempre haba llamado as a su padre.
Aquella noche -en la que tantas cosas comenzaron y cambiaron para siempre- Meggie guardaba debajo de la almohada uno de sus libros predilectos, y cuando la lluvia le impidi dormir, se incorpor, se despabil frotndose los ojos y sac el libro de debajo de laalmohada. Cuando lo abri, las pginas susurraron prometedoras. Meggie opinaba que ese primer susurro sonaba distinto en cada libro, dependiendo de si saba lo que le iba a relatar o no. Sin embargo, ahora lo fundamental era disponer de luz. En el cajn de su mesilla de noche esconda una caja de cerillas. Su padre le haba prohibido encender velas por la noche. El fuego no le gustaba.
--El fuego devora loslibros -deca siempre, pero al fin y al cabo ella tena doce aos y era capaz de controlar un par de velas.
A Meggie le gustaba leer a la luz de las velas. En el antepecho de la ventana tena tres fanales y tres candeleros. Cuando estaba aplicando la cerilla ardiendo a una de las mechas negras, oy pasos en el exterior. Asustada, apag la cerilla de un soplido -con qu precisin lo recordaba todavamuchos aos despus!-, se arrodill ante la ventana mojada por la lluvia y mir hacia fuera. Entonces lo vio.
La oscuridad palideca a causa de la lluvia y el extrao era apenas una sombra. Slo su rostro brillaba hacia Meggie desde el exterior. El pelo se adhera a su frente mojada. La lluvia chorreaba sobre l, pero no le prestaba atencin. Permaneca inmvil, los brazos cruzados contra el pecho, como si de esemodo pretendiera entrar en calor. El desconocido no apartaba la vista de su casa desde el otro lado.
Tengo que despertar a Mol, pens Meggie. Pero se qued sentada, con el corazn palpitante, los ojos clavados en la noche, como si el extrao le hubiera contagiado su inmovilidad. De pronto, el desconocido gir la cabeza y a Meggie le dio la impresin de que la miraba de hito en hito. Se desliz fuera dela cama con tal celeridad que el libro abierto cay al suelo. Ech a correr descalza y sali al oscuro pasillo. En la vieja casa haca fresco, a pesar de que estaba finalizando el mes de mayo.
En la habitacin de su padre an haba luz. l sola permanecer despierto hasta bien entrada la noche, leyendo. Meggie haba heredado de l la pasin por los libros. Cuando despus de una pesadilla buscaba refugio a sulado, nada le haca conciliar el sueo mejor que la tranquila respiracin de su padre junto a ella y el ruido que produca al pasar las pginas. Nada ahuyentaba ms deprisa los malos sueos que el crujido del papel impreso.
Pero la figura que estaba ante la casa no era un sueo, era real.

El libro que Mo lea aquella noche tena las tapas de tela azul plido. Meggie tambin se acordara de eso ms...
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