Cuento

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 17 (4098 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 9 de septiembre de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
YLLA
Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de
cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta
dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con
puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en
el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil ytibio, y las viñas se
erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano
nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de
metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como
quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz
antigua y suave que hablaba del tivaporesrojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y
arañas eléctricas.
El señor K y su mujer vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar
muerto, en la misma casa en que habían vivido sus antepasados, y que giraba y
seguía el curso del sol, como una flor, desde hacía diez siglos.
El señor K y su mujer no eran viejos. Tenían la tez clara, un poco parda, de casitodos los marcianos; los ojos amarillos y rasgados, las voces suaves y musicales.
En otro tiempo habían pintado cuadros con fuego químico, habían nadado en
los canales, cuando corría por ellos el licor verde de las viñas y habían hablado
hasta el amanecer, bajo los azules retratos fosforescentes, en la sala de las
conversaciones.
Ahora no eran felices.
Aquella mañana, la señora K, depie entre las columnas, escuchaba el hervor
de las arenas del desierto, que se fundían en una cera amarilla, y parecían fluir
hacia el horizonte.
Algo iba a suceder.
La señora K esperaba.
Miraba el cielo azul de Marte, como si en cualquier momento pudiera
encogerse, contraerse, y arrojar sobre la arena algo resplandeciente y maravilloso.
Nada ocurría.
Cansada de esperar,avanzó entre las húmedas columnas. Una lluvia suave
brotaba de los acanalados capiteles, caía suavemente sobre ella y refrescaba el
aire abrasador. En estos días calurosos, pasear entre las columnas era como
pasear por un arroyo. Unos frescos hilos de agua brillaban sobre los pisos de la
casa. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro, incesantemente, sin que los
dedos se le cansaranjamás de las antiguas canciones. Y deseó en silencio que él
volviera a abrazarla y a tocarla, como a una arpa pequeña, pasando tanto tiempo
junto a ella como el que ahora dedicaba a sus increíbles libros.
Pero no. Meneó la cabeza y se encogió imperceptiblemente de hombros. Los
párpados se le cerraron suavemente sobre los ojos amarillos. El matrimonio nos
avejenta, nos hace rutinarios,pensó.
Se dejó caer en una silla, que se curvó para recibirla, y cerró fuerte y
nerviosamente los ojos.
Y tuvo el sueño.
Los dedos morenos temblaron y se alzaron, crispándose en el aire.
Un momento después se incorporó, sobresaltada, en su silla. Miró vivamente a
su alrededor, como si esperara ver a alguien, y pareció decepcionada. No había
nadie entre las columnas.
El señor Kapareció en una puerta triangular
- ¿Llamaste? - preguntó, irritado.
- No - dijo la señora K.
- Creí oírte gritar.
- ¿Grité? Descansaba y tuve un sueño.
- ¿Descansabas a esta hora? No es tu costumbre.
La señora K seguía sentada, inmóvil, como si el sueño, le hubiese golpeado el
rostro.
- Un sueño extraño, muy extraño - murmuró. empo en que el mar bañaba las costas con- Ah.Evidentemente, el señor K quería volver a su libro.
- Soñé con un hombre - dijo su mujer
- ¿Con un hombre?
- Un hombre alto, de un metro ochenta de estatura
- Qué absurdo. Un gigante, un gigante deforme.
- Sin embargo... - replicó la señora K buscando las palabras -. Y... ya sé que
creerás que soy una tonta, pero... ¡tenía los ojos azules!
- ¿Ojos azules? ¡Dioses! - exclamó...
tracking img