Desacuerdo sin reconciliación: democracia, igualdad y la esfera pública. benjamin arditi

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Desacuerdo sin reconciliación: Democracia, igualdad y la esfera pública 1 Benjamin Arditi Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM Correo electrónico: barditi@unam.mx Resumen Nancy Fraser alega que la esfera pública nunca estuvo a la altura del supuesto de igualdad irrestricta previsto por Arendt y Habermas. También sostiene que la igualdad socioeconómica es una condición necesaria paraque haya una esfera pública genuinamente democrática. Esto es problemático, pero no porque la igualdad sea un objetivo cuestionable sino porque se la asocia con narrativas clásicas de la emancipación y por ende con un ethos de la reconciliación, al menos de manera implícita. La alternativa que propongo consiste en pensar el espacio público a partir de un ethos de la polémica y en usar dos criteriospara enmarcar su relación con la igualdad. Uno de ellos es que el espacio público surge a través de polémicas en torno al estatus de lo dado. Estas ponen a prueba la frontera entre lo público y lo privado y muy a menudo la reconfigura. El otro criterio es que la igualdad es siempre una igualdad disputada y por venir. Esto no se debe a que la igualdad sea una mera presencia diferida —una igualdadideal que aún no ha arribado— sino a que no puede tener un punto final: el problema de la igualdad vuelve a aparecer cada vez que hay un intento por verificarla. El problema de la inclusión y la suposición de la igualdad Muchos de quienes simpatizan con el trabajo de Hannah Arendt y Jürgen Habermas desconfían de su creencia en una época de oro del espacio público, sea en la ciudad-Estado griega oen la esfera pública burguesa del siglo XVIII.2 Esto se debe a que ambos dan por sentado que el espacio público estaba abierto para todos y por ello no se preocuparon por pensar la inclusión, vale decir, por examinar quiénes estaban autorizados a entrar en el espacio del discurso y el debate crítico entre iguales. Es una omisión sorprendente debido a la evidente exclusión de las mujeres y losexplotados en la antigua Grecia así como en la Europa del siglo XVIII: ni la polis ni la esfera liberal moderna estaban abiertas para ellos. Este es un reproche válido. Para Habermas, “La publicidad burguesa está orientada por el principio del acceso general. Una publicidad de la que estuvieran eo ipso excluidos determinados grupos no solo sería incompleta, sino que en modo alguno podría hablarse depublicidad”






























 





























Artículo publicado originalmente en Critical Review of International Social and Political Philosophy, Vol. 12, No. 2, 2009, pp. 167-181. La traducción fue hecha por Rafael Muñiz y revisada posteriormente por el autor. El grueso de la literatura se ocupa de la narrativa occidental de la esfera pública que opera como lanarrativa teórica dominante en relación con otros modos de constitución de lo público —por ejemplo, en el mundo islámico o la China de Confucio (Eder 2006: 608). Tal vez se pueda criticar a Arendt, Habermas y otros por este parroquialismo intelectual, pero también es cierto que la reflexión de estos pensadores se ocupa de la narrativa que conformó su propia vivencia de la esfera pública.
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2(Habermas 2004 [1981]: 120; véase también Thompson 1993). También alega que la decadencia de esta esfera comenzó recién en el siglo XIX, cuando asociaciones de intereses organizados la invadieron y el debate crítico-racional cedió ante compromisos forjados o impuestos al margen del escrutinio público. Con ello Habermas da por sentado que el acceso a la esfera pública no era un problemasignificativo en la época de apogeo de la esfera pública liberal. Este es un supuesto dudoso. Como dice Ryan, “Un vistazo superficial a la historia política de las mujeres basta para cuestionar la caracterización del siglo pasado [el siglo XIX, n. del t.] como uno de decadencia generalizada de la vida pública” (Ryan 1993: 263).3 Bruce Robbins refuerza este argumento diciendo que Walter Lippmann estaba...
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