El bah

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CAPITULO 1
OJOS LLAMEANTES

El fuego alegre crepitaba y proyectaba luces y sombras, transformando los colores con la fuerza de su danza. Al igual que él, nosotros también estábamos agitados y reíamos, felices por habernos reunido de nuevo, después de que el paso de tantos años hubiese marcado nuestros rostros. La calida atmosfera suavizaba las cicatrices de los recuerdos de tantos momentos detemor y de espera. Finalmente, estábamos allí de nuevo, my hijo y yo, Briggid. Nubarrones de recuerdos hacían fluctuar mis emociones, transformadas en lágrimas gloriosas. Imágenes dispersas, tenues como un sueño vacío de todo simbolismo, se formaban en mi mente, mezclándose con los sonidos y las imágenes que tenia ante mí, orgullosa y feliz de haber reunido a toda la aldea para recibir a mi hijo,que había regresado. El nudo que tanto me había apretado y ahogado acababa de aflojarse, y el sabor de las lágrimas, antes amargo y triste, era entonces dulce. Me aleje de las hogueras que asaban una infinidad de lechones, ciervos y jabalíes, y mesense sobre un tronco, algo apartada de la multitud.
La música ya no me entusiasmaba como antes, pero seguía transportándome a tiempos distantes, de mijuventud. Para nosotros los viejos, es muy fácil salir de esta realidad y ensimismarnos en un mundo particular que solo nosotros conocemos. Mis ojos veían el pasado. Mis nervios se contraían reaccionando a estímulos ya vividos, de la misma forma y con la misma intensidad que la primera vez. Voces de personas muertas hacia mucho tiempo hallaban eco en los laberintos de mi memoria y resucitaban aquienes habían pertenecido.
Había abandonado el tiempo presente. Entre en una mañana de mi vida transcurrida hacia mucho tiempo. Era una mañana del año de nuestro señor de 847. como de costumbre, me había despertado con el primer asomo del sol en mi ventana, no muy distante del mar. El amanecer era frío y estaba cubierto por una bruma cenicienta. Nuestra aldea, enclavada en una pequeña bahía alnordeste de la Tierra de los Escotos, despertaba con las primeras luces. En las casa, redondas, estaban avivando el fuego, y de los tejados de paja subía la humareda azulada a la atmosfera, como saludando al nuevo día. Mas abajo en la playa, los pescadores zarpaban en sus curraghs cortando las aguas calmas y protegidas de la pequeña bahía, al encuentro de las olas y del viento fustigante del marabierto. Los pastores, llevando a sus blancos rebaños para aclarar el paisaje, invadían el yermo detrás de la aldea, que por su verdor siempre me pareció el mar, solidificado en una inmensa pradera esmeralda.
Aquella mañana, como de costumbre, encendí el fuego del hogar, me envolví en mi capa de piel y salí a la playa en busca de mejillones, aprisionados entre las rocas de la marea baja y, con unpoco de suerte, de algún huevo de gaviota mal camuflado. Mi padre, Liam MacLachlan, aun dormía. Salí de nuestra casita y a la derecha surgió la figura de Edwina, con sus trenzas pelirrojas perfectamente peinadas. Enseguida nos encontramos a Avril, con sus cabellos rubios siempre sujetos en un moño, y juntas seguimos hasta la playa. Sujetamos nuestras largas faldas por en medio de las piernas ycaminamos por entre las rocas descubiertas por la marea.
A pesar de que el sol ya estaba casi en medio del horizonte, una densa bruma cubría el mar. Pero había algo diferente en el ruido de las olas que llegaban a la playa. No sé si Avril o Edwina lo habían notado, pero yo, en vez de dirigirme a la roca más próxima, camine hacia el mar y fije la vista en la espesa niebla. De repente, un rugidocreciente llego de la bruma. Era un túmulo de agua cortada por aletas de peces inmensos… o barcos veloces. Poco a poco vi como de la niebla surgían dragones alados. Sus dientes colosales, sus ojos llameantes y sus extrañas alas listadas de rojo y blanco incendiaron mi pecho, y mis piernas comenzaron a moverse por sí mismas, intentando salir de la playa lo más rápidamente posible. Avril, Edwina y yo...
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