El diosero

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  • Publicado : 17 de septiembre de 2010
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Cuando regresé a México, mi primera visita fue para el instituto de Biología. ahí desconocían por completo al "tío", supuesto que jamás llegó ninguna encomienda postal de mi remisión. Hice después una pesquisa en el correo con resultados también negativos. Como siguiente gestión, escribí una carta a mi ayudante de Colotlán. Esperé la respuesta un par de semanas; al no recibirla, a urgí portelegrama. Este último sí recibió contestación: el joven, en una misiva afligida y cobardona, me suplicaba dramáticamente que nunca volviera a tratarle nada "respecto a lo que se contrae su estimable carta", pues la prueba que había experimentado en ocasión de mi visita "estuvo a punto de ser fatal para el suscrito.
En falla mi ayudante, escribí a Mateo San Juan. La carta me fue devuelta sin abrir.Insistí y los resultados fueron idénticos a los primeros.
El último recurso era el señor cura de Colotlán. A él escribí con mayor confianza; le hablaba con claridad y le encarecía que me enviara de nuevo a Hículi Hualula. Pocos días después me llegó una lacónica carta del sacerdote: Mateo impresionado por la gente de su pueblo, había "perdido la tierra, al engancharse como bracero; las últimasnoticias que se habían tenido de él, decían que estaba en Oklahoma, trabajando como peón de vía..." "Y respecto a su encarguito –continuaba la carta del cura-, lamento en verdad no poderlo satisfacer, pues ello traería aparejados trastornos, escándalo y agitaciones que mi ministerio, mejor que provocar, está para prevenir. Tocante a su proyecto de un nuevo viaje por estas latitudes, le aconsejo, siaprecio le tiene a la vida, no intentarlo siquiera."
La derrota ha sido para mí desquiciante, la inquietud ha madurado en manía y ésta ha producido ofuscamientos y los ofuscamientos han tomado la forma de hechos alarmantes... Lo he visto en sueños, sí, trajeado con las suntuosas galas que llevan los huicholes en sus ceremonias al Padre Sol... Ha pasado junto a mí y me ha guiñado el ojo; cuando lehablé por su nombre, Hículi Hualula ha reído ruidosa y roncamente, mientras me lanzaba a mis pies escupitajos solferinos.
La tarde en que lo descubrí dirigiendo el tránsito de vehículos en los cruceros de las avenidas Juárez y San Juan de Letrán, estaba magnífico: el rostro pétreo inconmovible, aliñado con un bezote de turquesa, la testa tocada con un penacho de plumas de guacamayo, los piescon sandalias de oro y su índice horrible, hecho de carne verde de nopal y armado con una uña de púa de maguey, me señalaba al tiempo que por la boca escurrían espantosas imprecaciones en huichol...
Alguien me ha dicho que quien me condujo a la Cruz Roja había escuchado de mí estas palabras: "El "tío"... fue el "tío" que no perdona", al mismo tiempo que mis ojos vagaban imbécilmente ...Queentonces mi voluntad era nula y mi pulso alterado...
El médico recetó bromurados, reposos y baños tibios...

La parábola del joven tuerto
"Y vivió feliz largos años." Tantos, como aquéllos en que la gente no puso reparos en su falla. Él mismo no había concedido mayor importancia a la oscuridad que le arrebataba media visión. Desde pequeñuelo se advirtió el defecto; pero con filosófica resignaciónhabíase dicho: "Teniendo uno bueno, el otro resultaba un lujo." Y fue así como se impuso el deber de no molestarse a sí mismo, al grado de que llegó a suponer que todos veían con la propia misericordia su tacha; porque "teniendo uno bueno..."

Mas llegó un día infausto; fue aquél cuando se le ocurrió pasar frente a la escuela, en el preciso momento en que los muchachos salían. Llevaba él su caraalta y el paso garboso, en una mano la cesta desbordante de frutas, verduras y legumbres destinadas a la vieja clientela.
"Ahí va el tuerto", dijo a sus espaldas una vocecita tipluda.
La frase rodó en medio del silencio. No hubo comentarios, ni risas, ni algarada... Era que acababa de hacerse un descubrimiento.
Sí, un descubrimiento que a él mismo le había sorprendido.
"Ahí va el tuerto"......
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