El etecetera ( cuento profundo)

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EL ETCETERA
No hablé más. Era su turno.
¿Tardaremos un rato en morir? Preguntó Lolo asustado.
No rompas la calma dijo el gringo bostezando. Mientras Julito miraba por el hueco de madera bajar a tres hombres encapuchados con banderas rojas y escopetas.
Era una noche fría, el viento soplaba las hojas caídas, la luna iluminaba la noche de los muertos tendidos. Dos habrían de caeresta noche, lo anunciaba Kirico con su cantar de gesta.
¡Quiquiriquí! ¡Quiquiriquí! pronunciaba el gallo rojizo.
A la mañana siguiente, Tayacaja amanecía con la alegría de su gente. Allí estaban en la esquina, Antonio el gobernador del pueblo y Prudencio el padre Italiano recién llegado de Lima.
¿Cuándo cambiará nuestro país padrecito? Preguntó Antonio. Ante la atónita mirada del padresobre los hombres que yacían muertos a la entrada de la iglesia. Eran los ronderos que la noche anterior cumplían su turno de guardia.
Dios mío no permitas que el silencio se convierta en una canción que desciende. Afirmó con voz poética el padrecito.
No había pasado media hora y la noticia recorría las calles de Tayacaja. Antonio regresó a su casa y encontró a Victoria desatando lascuerdas que ataban a los carneritos de una vieja choza de paja.
Los terrucos han estado aquí anoche afirmó Antonio exaltado.
No es noticia cholito contestó Victoria, calmada. Mientras una vez más, Julito se asomaba al hueco de madera. Esta vez para escuchar la conversación de sus padres.
Asustado, el chiuche corrió a contarle a Rafael lo que había escuchado de palabras delgobernador del pueblo. De pronto tropezó con la silla, el fuerte sonido se hizo escuchar a lado.
Antonio salió despavorido gritando:
! Terrucos de mierda! el poder no es ilusión.
Cálmate cholito pronunció Victoria, es tu imaginación, el carnerito chanco madera papá.
Dos horas más tarde, Julito salió de su casa en busca de su amigo. Mientras llevaba a la boca la rica cancha serrana.Caminaba por una calle con paredes pintadas de lemas seudo terroristas que decían:
Por las tierras invadidas.

Por los pueblos conquistados.

Por la gente sometida.

Por los hombres explotados.

Por los muertos en la hoguera.

Por el justo ajusticiado.

Por el héroe asesinado.

Por los fuegos apagados

Yo te nombro, Libertad.
Miró la pared y abajo del lema firmaba, PaulEluard.Julito siguió caminando. Enseguida llegó.
Tocó la puerta número 155 de la calle sinceridad donde vivía Rafael, su amigo.
Rafa era de estatura alta, un niño de aproximadamente 10 años, alegre, humilde, respetuoso con la gente del pueblo. A diferencia de Julito quien era dos años menor y gustaba de disfrutar de conversaciones de sus padres.
Rafa provenía de una familia procedente de Chupaca,tenía un hermano mayor, Arnulfo, quien todas las tardes noches acostumbraba a pastear su vaquita por la quebrada que conducía a la montaña, de donde se avizoraba la olvidada Pampas Tayacaja. Ahí estaba siempre él.
Recostado sobre el arbusto con una cuerda con el cual arreaba a su vaquita llamada Lechera. Esa noche no pasó nada. Mas que la rutinaria conversación con el altísimo que mantenía lagente del pueblo serrano.
Iban llegando, algunos con familia, otros tantos solos, estos últimos vestían chompa de lana de alpaca y pantalones de tela.
La misa de las 6:00 se hacia una constante para los comuneros del lugar. Asistir a escuchar palabras superiores era encomendar la vida en el señor. Era como no olvidar la luz de la pureza, ni mucho menos despojar de azúcar la palabra que circundael velar de la noche. Si pues, así era.
Era como erguir en el centro la voz de Antonio, el maniaco gobernador, necesitado de 50 gramos de tranquilidad mental. Así se fue esa noche de misa, entre peticiones y exclamaciones al altísimo.
El padre Prudencio termino la misa de la noche, se acercó a la puerta de la iglesia y mirando al cielo, pensó:
“lo peor de estar solo es no poder compartir la...
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