El perseguidor

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Julio Cortázar

El perseguidor

Alianza Editorial

EL PERSEGUIDOR Diseño de portada Ángel Uñarte © Herederos de Julio Cortázar, 1976 © Alianza Editorial, S. A., Madrid 1993 ISBN 84-206-4610-5 Impreso y distribuido en México por Editorial Patria, S. A. de C. V. Renacimiento 180, Col. San Juan Tlihuaca C.P. 02400, Azcapotzalco, México, D. F Teléfonos 561-9299 y 561-3446

ISBN 968-39-0975-2Esta obra se terminó de imprimir en los talleres de Editorial Offset, S. A. de C. V. Durazno núm. 1 esq. Ejido, Col. Las Peritas

Julio Cortázar Tepepan, Xochimilco, CP 16010, D. F. Se tiraron 120 000 ejemplares más sobrantes para reposición

El perseguidor

Impreso en México/Printed in México

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Julio Cortázar

El perseguidor

ln memoriam Ch. P. Sé fiel hasta la muerte.Apocalipsis, 2, 10. O make me a mask. Dylan Thomas.

Dédée me ha llamado por la tarde diciéndome que Johnny no estaba bien, y he ido en seguida al hotel. Desde hace unos días Johnny y Dédée viven en un hotel de la rué Lagrange, en una pieza del cuarto piso. Me ha bastado ver la puerta de la pieza para darme cuenta de que Johnny está en la peor de las miserias; la ventana da a un patio casi negro, y ala una de la tarde hay que tener la luz encendída si se quiere leer el diario o verse la cara. No hace frío, pero he encontrado a Johnny envuelto en una frazada encajado en un roñoso sillón que larga por todos lados pedazos de estopa amarillenta. Dédée está envejecida y el vestido rojo le queda muy mal; es un vestido para el trabajo, para las luces de la escena; en esa pieza del hotel se convierteen una especie de coágulo repugnante. —El compañero Bruno es fiel como el mal aliento —ha dicho Johnny a manera de saludo, remontando las rodillas hasta apoyar en ellas el mentón. Dédée me ha alcanzado una silla y yo he sacado un paquete de Gauloises. Traía un frasco de ron en el bolsillo, pero no he querido mostrarlo hasta hacerme una idea de lo que pasa. Creo que lo más irritante era lalamparilla con su ojo arrancado colgando del hilo sucio de moscas. Después de mirarla una o dos veces, y ponerme la mano como pantalla, le he preguntado a Dédée si no podíamos apagar la lamparilla y arreglarnos con la luz de la ventana. Johnny seguía mis palabras y mis gestos con una gran atención distraída, como un gato que mira fijo pero se ve que esta por completo en otra cosa; que es otra cosa. Porfin Dédée se ha levantado y ha apagado la luz. En lo que quedaba, una mezcla de gris y negro, nos hemos reconocido mejor. Johnny ha sacado una de sus largas manos flacas de debajo de la frazada, y yo he sentido la fláccida tibieza de su piel. Entonces Dédée ha dicho que iba a preparar unos nescafés. Me ha alegrado saber que por lo menos tienen una lata de nescafé. Siempre que una persona tiene unalata de nescafé me doy cuenta de que no está en la última miseria; todavía puede resistir un poco. —Hace rato que no nos veíamos —le he dicho a Johnny—. Un mes por lo menos. —Tú no haces más que contar el tiempo —me ha contestado de mal humor—. El primero, el dos, el tres, el veintiuno. A todo le pones un número, tú. Y ésta es igual. ¿Sabes por qué está furiosa? Porque he perdido el saxo. Tienerazón, después de todo. —¿Pero cómo has podido perderlo? —le he preguntado, sabiendo en el mismo momento que era justamente lo que no se le puede preguntar a Johnny. —En el metro —ha dicho Johnny—. Para mayor seguridad lo había puesto debajo del asiento. Era magnífico viajar sabiendo que lo tenía debajo de las piernas, bien seguro. —Se dio cuenta cuando estaba subiendo la escalera del hotel —hadicho Dédée, con la voz un poco ronca—. Y yo tuve que salir como una loca a avisar a los de metro, a la policía. Por el silencio siguiente me he dado cuenta de que ha sido tiempo perdido. Pero Johnny ha empezado a reírse como hace él, con una risa más atrás de los dientes y de los labios.
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El perseguidor

—Algún pobre infeliz tratando de sacarle algún sonido —ha dicho—. Era...
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