El rico y el pobre

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El rico y el pobre

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El rico y el pobre
El rico y el pobre [1]
I
Éste era un caballero de Madrid, llamado don Juan Lozano, que tenía el oro y el moro, y gozaba tanto de los enemigos del alma, mundo, demonio y carne, que pasaba la vida rabiando. Aunque esto último parece mentira, es una verdad como un templo (y califico de gran verdad al templo, no por su gran tamaño, sino por su granverdad); y si no, expliquémonos, que explicándose se entiende la gente. Don Juan vivía en la calle de Atocha, en un palacio cuyo lujo y comodidades eran el presulta del lujo y la comodidad (como decía Perico, el zapatero remendón de la guardilla de enfrente, llamado por mal nombre Carape, que entendía de latín tanto como yo); sus coches y caballos valían un dineral; en su mesa se servían hasta en díade trabajo los manjares más ricos que Dios crió o inventaron los hombres, y, por último, las chicas más, guapas que paseaban por Madrid se despepitaban por don Juan. Pues a pesar de todo esto, y mucho más que no es para dicho, don Juan pasaba la vida rabiando, porque el regalo y el placer habían estragado de tal modo su cuerpo y su alma, que lo que a todo el mundo le sabe a gloria, a él le sabíaa rejalgar de lo fino; y así era que nunca se le veía reír, y siempre estaba con una cara de condenado, que metía miedo. A Perico, el zapatero de enfrente, le sucedía todo, lo contrario que a don Juan: era más pobre que las ratas, y, sin embargo, era más rico que don Juan el de enfrente. Esto último también parece mentira, y no lo es; y en prueba de ello me contentaré por ahora con decir quePerico se pasaba el día, y aun la noche, canta que canta, fuma que fuma, y echa que echa chicoleos a su mujer, aunque era más fea que el voto va Dios. A don Juan le llevaban doscientos mil de a caballo con la sempiterna alegría y los sempiternos cantares del zapatero; y entrando en curiosidad de saber cómo se las campaneaba éste para ser tan feliz, una tarde atravesó la calle, subió una estrechaescalera y se plantó en la guardilla del zapatero, con objeto de averiguarlo y, si era posible, campaneárselas él como el zapatero para estar siempre alegre. El zapatero y su mujer, que estaban trabajando y cantando y riendo a más y mejor, cuando le vieron entrar callaron y se levantaron para recibirle con la finura que el caso requería, y empezaron a hacerse cruces de que un caballero de tantascampanillas fuese a visitarlos. Don Juan se detuvo un momento con tentaciones de volverse atrás, porque la fealdad y la pobreza y la estrechez de la habitación le dieron horror, y a poco más le tumba patas arriba la tufarada de pez, y engrudo, y cuero, y demonios colorados que salió a su encuentro; pero hizo, como dijo el otro, de tripas de corazón, y siguió adelante.

II
-Hombre, ¿cómo pueden ustedesvivir en esta guardilla tan reducida, tan negra, tan oscura, tan nauseabunda?... -¡Carape! ¡No diga usted eso, señor don Juan! ¿Mala esta guardilla? Ya quisiéramos nosotros que fuese nuestra, porque, aunque nos esté mal el decirlo, en su clase no hay en Madrid otra más alegre y más mona que ella. Y si no, que lo diga ésta, que en lo tocante a las cosas de la casa y en todo lo nacido y aunquepobre, les echa la pata a las señoras más empingorotadas de Madrid, y aun del mundo con ser mundo. -Tiene razón Perico -asintió la zapatera- que es alhaja en su clase la guardilla ésta. -Pero al menos, convendrán ustedes en que los muebles... ¡Carape! Don Juan, de los muebles no hablemos, porque eso sí, son pobres como nosotros, pero en cuanto a cómodos y de buen ver, ni la reina con ser reina lostiene mejores. Mire usted, si no, esa cama... -No sé cómo pueden ustedes dormir en ella.

El rico y el pobre -¡Carape! ¡No diga usted eso de la cama, señor don Juan! Cuando después de estar todo el día dale que le das, yo al martillo y la lezna y ésta a la aguja, cenamos el guisadillo de patatas (que ésta le pone que se chuparía usted los dedos si le probase) y nos tumbamos ahí riéndonos con los...
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