El seminarista de los ojos negros

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  • Publicado : 19 de diciembre de 2011
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EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS

Desde la ventana de un casucho viejo
abierto en verano, cerrado en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos
una salmantina de rubios cabellos
y ojosque parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dosfilas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marchasiempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
El, sólo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde queen la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros...

Monótono ytardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
unasalmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasagallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo,
en vez de una sotana, marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: “¡ Tequiero !, ¡ Te quiero !,
¡ Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo !
¡ Si yo no soy tuyo, me muero, me muero !
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y yasólo vive en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de invierno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta...
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