Empezar a leer a borges (por tomas eloy martinez)

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 5 (1188 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 23 de diciembre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Empezar a leer a Borges

En una reveladora entrevista de 1979, Borges dijo que "todo escritor deja dos obras: una, la escrita; otra, la imagen que queda de él [...] Quizás a la larga la imagen del hombre borre la obra". La misma idea se despliega, de modo más sesgado, en los ensayos sobre Whitman, Wilde, Chesterton y Hawthorne publicados en Discusión y en Otras inquisiciones . La tesis centralde la "Nota sobre Walt Whitman" incluida en Discusión es que la crítica tiende a identificar erróneamente al autor de un texto con el personaje creado por esos textos. Subraya que los autores construyen un personaje y que muchas veces son conocidos sólo a través de esa representación, de esa imagen virtual. Lo que se lee, con frecuencia, no son los textos de un autor sino el personaje construidopor esos textos.
El equívoco se abate ahora también sobre el propio Borges. Los estrépitos del centenario han desencadenado sobre los lectores un alud de ensayos, exégesis, conversaciones, recuerdos personales, anécdotas vanas y hasta la reedición de obras que Borges -a pesar de su tolerancia a veces excesiva con los deseos de los otros- había prohibido reproducir. Por paradójico que parezca, lainmensa fama de Borges está impidiendo leer al inmenso Borges. Lo que se lee ahora es, ante todo, el personaje que él dejó tras de sí: ese anciano sabio y ciego que tenía respuestas para todas las preguntas del mundo y que vagaba entre los laberintos de una biblioteca inaccesible a sus ojos.
En 1961, poco después de haber recibido el premio Formentor, Victoria Ocampo le pidió a Borges que eligieralos textos que, a su juicio, lo representaban mejor. El breve volumen, de 200 páginas, fue publicado ese mismo año por la editorial Sur con un título explícito, Antología personal . En el escueto prólogo, Borges declara, con raro énfasis: "Mis preferencias han dictado este libro. Quiero ser juzgado por él, justificado o reprobado por él".
El orden de los textos no es el cronológico, sino -comoBorges apunta- el de "simpatías y diferencias". Casi todos los cuentos obvios están allí: "La muerte y la brújula", "El Sur", "Funes el memorioso", "El Aleph", "La busca de Averroes", "Las ruinas circulares", "El fin", aunque faltan al menos tres igualmente obvios: "Pierre Menard, autor del Quijote", "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" y "El jardín de senderos que se bifurcan". Entre los poemas, esllamativa la ausencia de "Fundación mitológica de Buenos Aires", cuyo "apócrifo color local" Borges no podía entonces "recordar sin rubor". Una segunda antología personal, entregada a Emecé en 1968, condescendió a cubrir esas voluntarias omisiones.
Dos décadas más tarde, en otra selección encomendada por la editorial Celtia, Borges eligió los mismos poemas, los mismos ensayos, los mismos cuentos de laprimera antología -con pocas variaciones-, pero añadió una larga sección miscelánea de discursos, conferencias y apuntes de circunstancias, que tornan más llamativa la ausencia de dos textos esenciales: "Borges y yo" y "Nueva refutación del tiempo".
Un hombre nunca es -como el río de Heráclito- el mismo hombre al día siguiente, pero Borges se mantuvo, como pocos, fiel a los temas y los tonos desus textos de madurez, los de la década del 40. Su obsesión era entonces -y lo fue hasta el final- la eternidad, la repetición infinita de los hechos y de las cosas bajo otras formas y con otros nombres.
Cuando empecé a leerlo, en la adolescencia, lo que me deslumbraba en Borges eran los infinitos movimientos de la identidad, en los que había algunos ecos de Poe. Sentíamos que, por primera vezdesde el Siglo de Oro, la lengua castellana encontraba en los austeros textos de aquel argentino la grandeza que habían disipado los escritores regionalistas. Sentíamos que, a través de Borges, el lenguaje argentino adquiría una densidad y una intensidad capaz de expresar también todo el universo.
Cierta vez, en una clase de griego, el profesor me sorprendió leyendo "La muerte y la brújula" y me...
tracking img