En días terribles de epidemia

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 3 (550 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 24 de febrero de 2012
Leer documento completo
Vista previa del texto
"EN DÍAS DE TERRIBLE EPIDEMIA"

Salió de una puerta y avanzó hacia el convoy, una mujer cuyo aspecto indicaba una juventud madura, pero no ajada. Tenía una belleza velada e incierta, que no acusabael ardor de una pasión violenta, sino mortal languidez: era esa hermosura al mismo tiempo dulce y majestuosa, que caracteriza a las mujeres lombardas. Su paso era fatigoso, pero no claudicante;  losojos no derramaban lágrimas, más tenían huellas de haberlas vertido en abundancia. Había en aquel dolor algo de callado y de profundo,  que indicaba un alma bien consciente de su pena.
   Pero no erasólo su aspecto lo que, entre tanta desgracia, le captaba muy especialmente la compasión de todos y reavivaba para ella el sentimiento amortiguado y casi desaparecido en los corazones. Llevaba enbrazos a una niña cerca de nueve años, muerta; pero muy bien arreglada, con los cabellos peinados sobre la frente, con un vestido blanquísimo, como si la hubiesen adornado como para ir a una fiestapreparada desde hacía mucho tiempo y ofrecida como premio. No la llevaba acostada, sino erguida, sentada en un brazo, con el pecho apoyado contra su pecho, cual si estuviese viva. Pero una manita blancacomo la cera, caía a un lado con cierta gravedad inanimada, y la cabeza se reclinaba sobre el hombro de la madre con un abandono más pesado que el del sueño; de la madre, sí, porque así lo había dichocaleramente el duelo que expresaba.
     Un hombre avanzó para recoger a la chiquilla, demostrando cierto respeto inusitado, una involuntaria vacilación. Pero ella retrocediendo, sin mostrar desdén nidesprecio, dijo:
     -¡No, no la toquéis ahora, quiero ponerla yo misma en el carro, tomad!-y así diciendo, abrió una mano enseñando una bolsa que dejó caer entre los dedos que tendió el hombre.Luego continuó:
     -Prometedme no quitarle ni una hebra, ni dejar que otro se atreva a hacerlo, y enterradla tal como está.
     El hombre se llevó la mano al pecho jurando, y después, presuroso y...
tracking img