Escritores de ledesma, jujuy

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ESCRITORES DE LEDESMA, JUJUY.

JOSÉ MURILLO.

CONDORÌ Y LAS VICUÑAS.

No era el menor de los hermanos pero si el más petiso. En compensación resultó el más avisado y habilidoso. Desde changuito ayudaba en los telares. Quizá por ese hecho se había convertido en el mimoso y el mimado de la mama que recurría a él también cuando se trataba de hilar en puiscana, a la usanza antigua. Los Condoríeran tejedores y pastores al mismo tiempo; pero pastores de vicuñas. Tenían una manadita muy oculta entre los cerros y lejos, muy lejos, de los caminos frecuentados de la quebrada grande y los pueblos. Porque debían protegerlas, no tanto de los águilas y los pumas como de la codicia de los cazadores blancos, quienes venían a la Puna provistos de armas largas y, a veces, acompañados por guías de laregión.
Y aunque el rancho de los Condorí estaba muy metido cerros adentro, nunca se podía estar seguro. Cada tanto se veían forzados a bajar a la feria de Humahuaca a vender ponchos, mantas y chalinas, para obtener alimentos con el producto de las ventas. Alguna vez, inclusive, el tata se había largado hasta Jujuy para conseguir mejores precios. El hecho de que no fuesen muchos ya los quetejían con lana de vicuña motivó que al padre se lo conociese por tatita Condorí, el vicuñero.
Ya no quedaban vicuñas salvajes. Los cazadores las habían exterminado y Coquena, su duende protector, nada había podido hacer para evitarlo. Por eso los Condorí confiaban, más que en el duende, en las mañas de Prudencio, el petiso, para salvaguardarles el rebaño.
La vicuña es dulce, cariñosa y tímida yPrudencio Condorí las quería entrañablemente. Y vivía pendiente de ellas. Él las pastoreaba dejándoles toda la libertad que necesitaban. Las vigilaba desde prudente distancia no por temor a que escapasen sino para evitar que algún puma osado o un águila audaz pudiese sorprenderlas o, lo que hubiese sido mucho peor todavía, que los cazadores las encontrasen.
Y las vicuñas, a su modo, le retribuíanesa dedicación: era el único que podía arrearlas y esquilarlas. Ningún otro miembro de la familia podía acercarse a ellas sin alterarlas; se ponían nerviosas, ariscas y hasta asustadizas. .
-Parecés Coquena -le dijo un día el tata. Era una alabanza, no un reproche. A Prudencio se le ocurrió que el tata se mofaba de su dedicación. Permaneció callado por respeto aunque su rostro, habitualmenteserio, sé contrajo en gesto torvo.
-No molestés al muchacho, ¡qué tanto! -intervino la mama.
Y no se habló más. Pero desde ese día le quedó el apodo: Coquena. Los hermanos se lo decían entre risas cuando querían sacarlo de quicio.
Prudencio se apegó más a las vicuñas sólo por despecho. Prolongó las horas de ausencia y se construyó, con piedras prolijamente acomodadas, un mirador desde el quedominaba todos los posibles accesos a las zonas de pastoreo. Semejaba un parapeto semicircular en cuyo interior, si permanecía sentado, quedaba oculto en tanto él podía pispear cómodamente y a gusto entre las hendijas que dejaban las piedras.
-Vas a tener que bajar al poblao, Pantaleón -le dijo un día la mujer- ya casi no tenemos qué comer.
Esa misma tarde el hombre, acompañado por dos de sus hijosmayores, se puso en camino. Llevaban un par de ponchos, una manta y tres chalinas y bolsas vacías para traer comestibles. Iban contentos porque Humahuaca les brindaba la oportunidad de encontrarse con viejos conocidos y de festejarlo con una copita de zingani.
Llegaron a la mañana siguiente. Humahuaca les pareció un vergel en comparación con los cerros áridos de los que habían bajado. Como era muytemprano para ir hasta la feria se encaminaron al boliche de don Ramón Chumacero.
-¿Qué tal, Condori?, ¡tanto tiempo!
-Bastantito, pues.
-Hace como cuatro meses que no andaban por aquí.
-Cierto.
-¿Y qué los trae por aquí?
-Como andamos sin plata hemos venío a vender algunas cositas.
Abrió el bulto sobre el mostrador y a Chumacero se le iluminaron los ojos ante la belleza de los...
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