Fairy oak

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Elisabetta Gnone

El Secreto de las Gemelas

Desde hace más de mil años a la media noche en punto ocurre un hecho mágico en las casas de Fairy Oak: minúsculas hadas luminosas cuentan historias de niños a brujas de ojos buenos, emocionadas y atentas. Insólito, ¿verdad? Todo el mundo sabe que brujas y hadas se llevan mal y que a las brujas no les gustan nada los niños. Pero estamos en elvalle de Verdellano, en el pueblo de Fairy Oak, y aquí las cosas son desde siempre un poco distintas...

Primera parte

Llegada a Fairy Oak

Cuando llegué a Fairy Oak, las niñas estaban a punto de nacer. Había hecho un largo viaje y atravesado muchos reinos mágicos hasta el pueblo del Roble Encantado. Mis alas temblaban de cansancio, pero la emoción me impedía detenerlas. Es natural, ¡setrataba de mi primer trabajo! —Buenos días. Me llamo Sifelizserédecírosloquerré, y soy el hada niñera que habéis pedido al Gran Consejo —dije a la anciana señora que salió a la puerta. Tenía el cabello blanco como las rosas de su jardín, manos delgadas con largos dedos y porte de reina. Mantenía los ojos muy abiertos y fjos en mí, y por un momento pensé que era de piedra, porque en vez de respondermese quedó callada e inmóvil como una estatua. De repente se sobresaltó, entrecerró los ojos para oír mejor y dijo: —¿¿¿Eh??? No tuve tiempo de repetirlo, pues a continuación dejó escapar un laaaaargo suspiro, y me dijo sonriendo: —Encantada de conocerte, Feliztequisiera..., es decir, Querrédecirlofeliz... En fn, sé bienvenida. Deja que te vea, eres más guapa de lo que imaginaba. Por favor, siéntateen este bizcocho de cerezas, no hace mucho que lo he sacado del horno y aún está tibio, estarás cómoda y podrás descansar. La hermosa señora se sentó en una gran mecedora chirriante, se colocó con esmero su bonito vestido verde salvia y adoptó un aire solemne. —Como dije al Gran Consejo, querida hadita, tu sueldo será de diez

pétalos de rosa al mes, más dos panecillos de naranja para los díasde festa. Y... me gustaría llamarte Felí, si a ti no te importa. ¡Oh, diez pétalos al mes es un buen sueldo, gracias! Por no hablar de los panecillos de naranja, que me encantan. Pero "Felí"... ¡aprietacorazones!, ¿en qué había convertido mi precioso nombre? Adopté, a mi vez, el tono más serio y solemne que pude y...: —Será un honor trabajar para usted, bruja Lala Tomelilla —dije sin tomar aire. Yera cierto. Lala Tomelilla era la bruja más famosa y estimada de todos los tiempos, ¡para mí era un mito! Había recibido TRES Plumas de Oro a la Bondad y los reconocimientos más importantes por sus descubrimientos en el terreno de la magia. Sobre ella corrían mil leyendas: se decía que había cabalgado sobre un dragón alado, que podía domar las olas del océano con la mirada, que sabía hacerforecer la leña… ¿La verdad? Nunca la supe. Algo en sus ojos me decía que, sin duda, habría podido cabalgar sobre un dragón. ¡Y quién sabe cuántas de aquellas historias eran verdaderas! Pero Tomelilla nunca presumió de ello. Era modesta y sabia, quizá la más sabia de todas las Brujas de la Luz. Realmente, era un gran honor trabajar para ella. Y en seguida se revelaría también como una gran suerte. El Roble Encantado

Fairy Oak era un pueblo delicioso. Las casas de piedra tenían verandas y jardines de fores protegidos por muros cubiertos de moras y rosas silvestres. Los habitantes eran casi todos muy amables y había muchos, muchísimos niños. Pero algo en particular hacía que el pueblo fuera realmente especial: a causa de un antiguo encantamiento, o quizá por deseo de las estrellas delNorte, Fairy Oak era el único lugar de todos los mundos, reales o encantados, donde los humanos y las criaturas mágicas vivían juntos en perfecta armonía desde mucho tiempo atrás. Brujas, hadas y magos vivían en las casas de Fairy Oak como ciudadanos normales, y como tales eran considerados en la comunidad. Los Mágicos, como ellos mismos solían llamarse, habían sido los amos indiscutidos de aquellas...
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